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Jugador, presentador y apoderado, pero Gonzalo García-Pelayo siempre quiso ser John Ford.

Documenta Madrid, en su 19 edición, presenta una muestra de sus primeros trabajos, aquellos que se desplazan por la transición española, entre 1975 y 1986. Todas sus películas se podrán ver en el Museo Reina Sofía hasta mediados de junio

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Gonzalo García-Pelayo. (EFE/Raúl Caro)

74 años. Ni uno más, ni uno menos. Y ahí está, con un discurso y una energía que irradia ganas de no parar. Gonzalo García-Pelayo es único en su especie. Todo lo que pueda decirse de él ya se ha dicho. Y, sin embargo, sigue estando ahí: presente y siendo un faro para las nuevas generaciones de cineastas. Cómo si fuera una nueva droga o una de esas prendas que se presentan en la Feria de la Moda de Milán, tan innecesaria y llamativa como imprescindible en el momento adecuado, cuando hay que dejarse llevar y ser uno mismo.

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García-Pelayo, Gonzalo, está ahora mismo montando cuatro películas y celebrando una retrospectiva en su ciudad de adopción: Madrid. Sevillano y madrileño a partes iguales, este director de cine, productor discográfico, jugador de apuestas, presentador televisivo, vividor en potencia y apoderado de toreros, está en uno de sus mejores momentos. La monográfica le sirve a Documenta Madrid para repasar una de las carreras más singulares de la cinematografía patria.

Tengo una ilusión tremenda. Con ganas de seguir haciendo de todo, ahora mismo ando con el montaje de cuatro películas, que forman parte de mi proyecto ‘El año de las 10 + 1 películas’. Y con varios viajes pendientes, entre ellos Buenos Aires. También atento de lo que pueda pasar en Locarno, donde hemos enviado varias piezas”, indica un septuagenario que retomó su amor por el cine hace una década, cuando ‘Vivir en Sevilla’ fue seleccionada por la revista ‘Sight & Sound’ como una de las grandes cintas de la historia. Ahora, por fin, Documenta Madrid le rinde homenaje con una selección de sus piezas más rupturistas y primigenias.

Prohibir y desobedecer

‘Dejen de prohibir que no alcanzo a desobedecer todo’ es el título de un ciclo que recorre sus inicios, aquellos que van de 1975 a 1986, cuando comienza a dirigir y firmar obras maestras cómo la citada ‘Vivir en Sevilla’, ‘Corridas de alegría’, ‘Manuela’ o ‘Tres caminos al Rocío’, mano a mano con obras recientes de algunos de los directores más radicales del novísimo cine que se está haciendo en España. Entre ellos están Marta Valverde, Ion de la Rosa, José Luis Tirado, Juana Dolores, Ignacio Merlo y Concha Barquero. Todas podrán verse en el Museo Reina Sofía hasta mediados de junio.

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‘Manuela’. (Cedida)

“El cine histórico de García-Pelayo que recoge este ciclo se ubica en la sociedad cambiante y tumultuosa de la España de la Transición”, comentan fuentes de Cineteca. “Un tiempo en el que los resquicios del autoritarismo político y del conservadurismo moral de la dictadura se mezclan con la fuerza de una pujante contracultura y con el anhelo utópico de la juventud por construir una sociedad nueva, factores que habitan en el cine de García-Pelayo”.

Lo especial de la muestra, también de todo Documenta, es su apuesta por el diálogo y la contraposición entre diferentes puntos de vista. “El ciclo prescinde de la orientación tradicional de carácter historicista o revisionista y sitúa al cineasta en un diálogo contemporáneo, en sesiones temáticas con jóvenes artistas y realizadores entre quienes reverberan sus grandes temas. A saber: el sexo como territorio libre, los inadaptados y marginados sociales como antihéroes lúcidos y honestos, la convivencia radical entre lo elevado y lo popular, y la música, sea flamenco, psicodelia o sevillanas, como una irrupción de lo real en la ficción”, destacan

Los comienzos

García-Pelayo viajó a comienzos de los setenta a Madrid para estudiar en la Escuela de Cine, allí tendría como compañeros a figuras como Andrés Linares o Jaime Chávarri. “La verdad es que no aprendí casi nada en la Escuela de Cine. Tuve dos profesores buenos, Julio Coll y Jorge Grau, a quienes tenía respeto personal aunque no me gustara su cine. Las clases de Borau, a quien también respeto, no me interesaban absolutamente nada. Para mí lo más importante de toda aquella experiencia fue que [Juan Antonio] Bardem nos consiguiera el título de manera extraoficial”, confesaba a Luis Lapuente en el libro de conversaciones editado por Efe Eme, ‘Nostalgia de futuro’.

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‘Vivir en Sevilla’. (Cedida)

A partir de tener ese carnet, García-Pelayo se convertiría en un cineasta fascinante, que a su vez mezclaba su faceta como productor de músicos como Lole y Manuel, Vainica Doble, Silvio Rodríguez, Smash, Luis Eduardo Aute o el mismísimo Camarón, con una obra que lindaba el cine de ficción, con Buñuel, Truffaut y Rohmer como referentes en algunos casos, con el de no ficción. Una visión radical y diferente que no ha tenido igual en el cine de aquí. Ahora se ve reconocido en Madrid, en el principal festival de la capital de España.

Cuando Lapuente le comentaba que veía ‘Manuela’ como su película más buñueliana, equiparándola a ‘Abismos de pasión’, el film rodado en México durante 1953, el cineasta asentía: “Eso es, ‘Abismos de pasión’ es Buñuel en estado puro, todo emociones y pasiones desbordadas, casi místicas de puro carnales. Y es, sin duda, la banda sonora más importante que he hecho con algunas canciones tan de Buñuel como una de Manuel Molina interpretada por Lole y Manuel que sigue estremeciéndome”.

El año de las once películas

García-Pelayo atiende el teléfono desde su casa en Madrid, en la calle Duque de Sesto. Enfrascado en montajes y próximas presentaciones. Ha tenido un año intenso, en el que a sus más de setenta años ha viajado por India, Kazajistán y Argentina para lanzarse a hacer nuevamente un cine en los márgenes. “Me separé de mi cuarta mujer y me fue bien con unas criptomonedas que tenía”, señala sobre el porqué de una proeza de este tipo, once filmes en doce meses. “Tenía ya un equipo detrás, con el que había hecho varias películas. Tampoco pensé que íbamos a hacer las once que hicimos. Es algo que se fue dando sobre la marcha». Todas (o casi) podrán verse en septiembre en Madrid.

“Siempre he soñado con ser John Ford. De momento llevo las mismas películas que Buñuel, veinticuatro”, dice con media sonrisa, tomándose a broma, pero a la vez hablando con pasión de lo que siente y vive como una nueva juventud. Un cine que abraza el porno, la ficción, el musical, el documental, lo filosófico y la vida en todas sus variantes.

Cada película ha costado una media de 100.000 euros, teniendo un gasto total de un millón de euros. Un desembolso que tampoco hubiera sido posible sin la ayuda de Gervasio Iglesias, su productor ejecutivo. Un cine “rápido y eficaz”, como le gusta definirlo a él, varias veces durante la conversación. ¿Muchas diferencias con lo que hacía hace más de cuarenta años? “El cine que hacía antes con el de ahora no tiene parangón. Ahora hay muchas más facilidades. Es más inmediato, más accesible”, continúa comentando de unas obras que beben del paisaje. “Para mí lo esencial es la localización”, constata.

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‘Rocío y José’. (Cedida)

Otros de sus trabajos siguen acercándose a la música desde un prisma abierto y documentalista, es el caso de ‘Dejen de prohibir que no alcanzo a desobedecer todo’, centrada en el productor musical Pepe Ortega o ‘Siete Jereles’, con el festival de flamenco como protagonista.

Documenta Pelayista

“Madrid y Documenta son pelayistas”, reconoce Diego Rodríguez, director artístico del festival de cine junto a Marian Marassi. Es su primer año, pero el decimonoveno de Documenta. Una muestra ya asentada en la capital y en la que ellos han intentado dar un leve giro. “Tenemos una responsabilidad, queremos que la gente vuelva al cine. Para ello nuestro interés reside en generar contenido más allá de lo que sucede en otras plataformas”, destaca el que también fuera director de otro emblema madrileño, Márgenes, durante once años.

Rodríguez y Barassi destacan entre la propuesta oficial la presencia de cineastas como Andrés Duque, Jay Rosenblatt, Travis Wilkerson, Hana Vojáčková, Lois Patiño, Fabrizio Polpettini o Eric Baudelaire. “También tenemos la suerte de poder mostrar en la clausura el ultimo documental rodado por Lucrecia Martel, probablemente una de las cineastas mas sorprendentes del cine actual. Lo haremos con un concierto de Verde Prato, una artista del folclore vasco más contemporáneo y aventurado que dialoga con el trabajo de Martel, que ha viajado a lo largo de Argentina recogiendo diferentes tradiciones musicales en ‘Terminal Norte’”.

Fuente: https://www.elconfidencial.com

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