Foto de José de los Camarones en Alma quebrada

Mañana viernes 23 se estrena en Madrid «Alma quebrada» (Museo Reina Sofía a las 19.00). Estrella Millán Sanjuán ha escrito sobre ella:

El inicio de “Alma quebrada” me agarró de tal forma que tuve que verlo dos veces seguidas antes de seguir con lo demás. Desgarro en esa canción interpretada por Selina del Río, que se rompe antes de terminarla y con el que, en un acertado plano secuencia, asistimos al cine dentro del cine, saliendo la protagonista herida fuera de plano rota y llorando, pero volviendo a entrar para cantar de nuevo el estribillo con las indicaciones recibidas. Detalles que se repiten durante el metraje que sabiamente el director introduce para crear una deliciosa, atractiva y meditada imperfección que sabe a cine por hacer, a cine vivo, que palpita en cada plano y que mantiene una delgada línea entre la ficción, documental y realidad muy bien lograda.

Son cuatro los cantantes que se exponen generosa y apasionadamente en esta película. Sus canciones hablan de ellos, de sus almas quebradas, traspasando esa hondura con vasos comunicantes entre ellos y a nosotros. No es solo una sucesión de canciones en un entorno privilegiado, es la expresión en estado de gracia de artistas que se parten en dos con sus voces quebrantadas en determinados momentos que acarician lo místico, hablando de amor, desamor y necesidad. Canciones que forman parte de la narración y le dan consistencia para que entendamos sus fines.

Una especial energía intangible y extraída, se intuye, de un proceso y atmósfera en el rodaje que facilita una singular armonía y que aprovecha destellos de magia, quizá irrepetibles en alguna toma. Lo que se percibe en este tipo de cine es que hay mucha vida detrás, mucha felicidad, de tratar de sacar el máximo partido a cada escena.

Proceso que escuchamos con los audios de Selina que inserta García-Pelayo en este especial metacine con narrativa nada habitual cuando la cantante, con una voz emocionada y gran musicalidad envolvente en su timbre, le comenta los extractos que le va mandando para hacerla partícipe del proceso de montaje y creación. En especial el audio que mezcla las impresiones sobre lo que desprende para ella la joven y expresiva cantante Laura Marchal perfectamente empastado como si fueran dos voces al unísono en la misma canción, pero que distinguimos en diferentes cadencias.

Me agrada esa yuxtaposición constante de los cuatro protagonistas entre los que cantan o hablan y los que quedan al fondo en profundidad de campo, normalmente en localizaciones muy estudiadas en la naturaleza, en un parque, una plaza o la playa. Como también me agrada escuchar al cantaor José de los Camarones, dañándose la garganta en cada arrebato de voz desmembrada o cuando habla con mezcla de alegría y dolor de su infancia mariscando por lugares muy cercanos a donde vivo y que conozco, contando una vida dura para un niño. La canción en la que a Nagot Picón “le tocó desangrarse”, como narra en voz en off Selina, que siempre transmite de forma muy gráfica sus sentimientos y pareceres, considero que, por enclave y afección, constituye un momento vibrante.

Una película desbordante de sensibilidad, con unos llamativos parajes en Mérida, Cantabria, Portugal, Ávila, Toledo y Orense que se fusionan con su musicalidad y que provocan un todo de “cine-emoción-libertad-canto al amor” que, oponiéndose al título de ésta, resulta a todas luces irrompible.

Me quedo con la huella indeleble de la voz ahogada de Selina, artista que respira y desprende quebranto, dolor y pasión en cada nota y me quedo también con su mirada azul indescifrable que sabe captar perfectamente el director.

… También me agrada escuchar al cantaor José de los Camarones, dañándose la garganta en cada arrebato de voz desmembrada…»

¡Gracias Estrella!

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