El Imparcial artículo sobre bPensamiento insurrecto y El año de las 10mas1

Pensamiento insurrecto y El año de 10+1

viernes 16 de septiembre de 2022, 20:10h

José Manuel Cruz: Escritor y crítico de cine.

Las circunstancias han llevado a que las dos siguientes películas que conozcamos de la “serie” de Gonzalo García Pelayo, “El año de las 10 + 1 películas”, hayan sido la octava, Tu coño, y la décima, Pensamiento insurrecto, las cuales, como sus respectivos títulos ya nos anuncian, nos llevan a territorios en apariencia opuestos e incompatibles pero que, en el cine de Gonzalo García-Pelayo, son piezas de un mismo puzle que encajan a la perfección. De hecho, hay una frase en Pensamiento insurrecto de Agapito Maestre (el filósofo protagonista de la película), en la que, hablando de la filmografía del director, afirma que en Frente al mar y Así se rodó Carne Quebrada, vemos “cómo se transforma un asunto fisiológico en un asunto imaginativo” y, precisamente esta frase, sirve de enlace perfecto a Tu coño porque este otro film es exactamente eso: el retrato de cómo un asunto fisiológico no es solo un asunto fisiológico, sino que acaba siendo también, sobre todo, un asunto emocional, sentimental y en el que la imaginación (y, yendo más allá, la creación artística) tiene un peso muy importante y crucial.

Pero no hay que quedarse meramente con esa evidencia sino que la coexistencia de dos películas tan diferentes en esta serie obedece a un sentido profundo de la trayectoria del director: celebrar la vida implica exaltar todos los aspectos que forman parte de ella, aunque parezcan ajenos y contradictorios. Ensalzar solo una dimensión de la vida no es enaltecerla en toda su amplitud, variedad y diversidad sino tan solo enaltecer una visión abstracta y simplificada de la misma. Por lo tanto, ante dos películas tan diferentes que, cada una a su modo, busca provocar al espectador, yo acepto el envite y voy a lanzar una tesis también provocadora: para comprender en toda su esencia la obra de Gonzalo García-Pelayo habría que ver una detrás de otra (no importa el orden) estas dos películas y aceptar, al menos como hipótesis de trabajo inicial, que lo descarnadamente intelectual y lo desbocadamente sexual forman parte, con peso equivalente, de lo que es el ser humano, de lo que es la condición humana, y que, para alabar esta, ninguna de esas dos dimensiones vitales puede ser reducida, ocultada o menospreciada sin que, con ello, hagamos una amputación fatal a lo que es una vida entendida en toda su riqueza.

Aunque pueda parecer aventurado decir que hay que ver emparejadas, por un lado, la exposición profunda, enjundiosa y estructurada de un filósofo y, por otro, un encadenado de escenas henchidas de sexo absolutamente explícito, ello no significaría otra cosa que continuar con la sucesión de dípticos que, en el “El año de las 10 + 1 películas”, hemos contemplado hasta ahora:

La defensa de la libertad individual que hace Agapito Maestre, en Pensamiento insurrecto, parece encontrar su respuesta y reacción a la completa libertad y falta de prejuicios y autocensuras que encontramos en Tu coño. Ambas películas son sendos ataques al espíritu de lo políticamente correcto que acaban por marcar el tono, la intención y la huella que nos transmite la serie de “El año de las 10 + 1 películas”.

Pero, dicho esto, no podemos dejar de afirmar que, al mismo tiempo, cada película tiene su voz y su personalidad y, por ello, cada una de ellas se merece su propio análisis. Me detengo, pues, en Pensamiento insurrecto. Agapito Maestre es un filósofo que lleva varias décadas defendiendo un pensamiento a contracorriente del que, en cada momento, han alentado y defendido las instancias oficiales. Su labor intelectual no ha sido un mero ejercicio en el seno de una actividad académica, sino que él ha llegado a sentir en sus carnes las consecuencias de una insobornable independencia crítica que, evidentemente, nunca sale gratis a pesar de este régimen de libertades del que los españoles nos hemos dotado. Un análisis de todo lo que argumenta en Pensamiento insurrecto, en coherencia con su libertad de pensamiento, se resiste a cualquier tipo de simplificación. Aunque sus ideas son de evidente raigambre liberal, lo cual, junto a su admiración por Marcelino Menéndez y Pelayo, llevaría, en los tiempos actuales, a inscribirlo automáticamente y sin matices en la órbita de la derecha ideológica, sus referencias elogiosas a Theodor W.Adorno y Walter Benjamin, representantes de la Escuela de Frankfurt (que, recordemos, hizo converger el marxismo con el psicoanálisis y el pensamiento weberiano) obligan a detenernos antes de realizar un juicio excesivamente precipitado.

En la exposición de sus ideas que realiza en Pensamiento insurrecto, (desarrollada a lo largo de siete capítulos: Capítulo I. Pensar. El pulso del pensamiento. Querer pensar / Capítulo II. Razón alegre. Humor, ironía y filosofía / Capítulo III. Contra la mentira de lo políticamente correcto / Capítulo IV. Amor, eros y sexo / Capítulo V. Individuo y sociedad babélica. Entre burlas y veras. Dejen de prohibir que no alcanzo a desobedecer todo / Capítulo VI. Democracia y totalitarismo / Capítulo VII. El pensador insurrecto), detectamos tres polos dominantes:

1.- Defensa de la libertad y de la sociedad abierta.– Frente al afán por reducir el pensamiento a una doctrina o a una ideología cerradas, con presunta capacidad (de acusado cariz totalitario) para dar explicación y respuesta a cualquier cuestión de la realidad, el pensamiento de Agapito Maestre defiende el pensamiento como actividad siempre dinámica que no busca llegar a un destino final definitivo sino que pretende, más bien, ser un proceso continuo, consciente de sus propios límites, pero que logra ir arrojando progresiva luz sobre un mundo complejo, diverso e imprevisible (concepción de raíz típicamente popperiana), visión inevitablemente asociada a una defensa incondicional de la libertad individual como actitud personal y como base imprescindible de un régimen político avanzado. Numerosas frases hacen de pespuntes a esta idea global: “La realidad siempre es más rica que el concepto”, “Pensar es ir siempre a contracorriente”, “El creador ni sirve ni gobierna” (ni debe servir ni debe gobernar, deberíamos entender), “El humor [y la filosofía] desnuda[n] al poder”, “La alegría nunca llega a deshora”, “Sin alegría no hay saber”, “A los cobardes, a los filósofos reyes y a los tontos profesionales… ¡que le vayan dando!”, “Actuar siempre crítica y públicamente dentro del interior de un grupo”, “La educación es clave como libertad y disciplina”, “La autolimitación es una de las claves de la política porque sin ella no hay posibilidad de construir bienes en común con nadie”, “Libertad subjetiva, libertad radical, libertad salvaje, libertad indómita”, “Solo una sociedad babélica y desasosegante permite desarrollarse al individuo”, “La esperanza rescatada de la fatalidad es la verdadera libertad” (frase de María Zambrano)… La democracia no sería el bálsamo curativo para todos los problemas sociales pero sería la institución más avanzada con la que contaría la humanidad para hallar el camino para resolverlos respetando la dignidad esencial de la persona.

2.- Crítica al pensamiento políticamente correcto de los tiempos actuales. A lo largo de la exposición de su pensamiento, Agapito Maestre, de forma puntual pero contundente, va lanzando dardos envenenados contra muchos de los tótems de las doctrinas políticamente correctas de la actualidad. Va argumentando su oposición al multiculturalismo, al pacifismo “pánfilo” (“es locura amar la guerra pero más locura es no reconocer que la guerra existe”), a la negación del dimorfismo sexual, a la desnaturalización y desbiologización del sexo, a la reducción del eros a una lógica artificial –social, cultural y jurídica– (lo cual nos llevaría a la desaparición de los últimos reductos de nuestra intimidad), a querer legislar sobre el mundo de los deseos, al hecho de que las llamadas ONGs acaben teniendo, fundamentalmente, financiación de organismos públicos y gubernamentales… Los movimientos emancipatorios (el ecologismo, el feminismo, el nacionalismo, el pacifismo…), que, a partir de los años sesenta adquirieron gran importancia, se han convertido en ideología y, a raíz de ello, han derivado en una nueva inquisición, teniendo ello una consecuencia indeseada: “Vivimos en una sociedad encanallada: todo lo que es anormal (…) [lo hacemos] pasar por normal”.

3.- Defensa de la historia, la cultura y el pensamiento españoles.– Frente a pesimismos históricos y leyendas negras, se percibe a lo largo de los setenta y tres minutos de película una reivindicación por parte de Agapito Maestre de lo español y de su papel decisivo en la historia de la civilización. Se reconocen las aportaciones de gran cantidad de pensadores españoles desde el Renacimiento, en el siglo XVI, hasta la actualidad (Vives, Gracián, Feijóo, Menéndez y Pelayo, Unamuno, Ortega y Gasset, Zambrano…) y se defiende la importancia de la filosofía surgida en nuestro país para articular y configurar la obra de los filósofos más importantes del pensamiento occidental. Se ofrece una visión positiva de la labor de España en América y se argumenta que, en función del testamento que dejó Isabel la Católica a su esposo Fernando, se logró hacer tres cosas fundamentales: el mestizaje, evitar la pérdida de la cultura indígena y la creación de ciudades, con lo que ello supone, ya que crear ciudades significa crear civilización y crear ciudadanía… Defiende la grandeza de Castilla (“Castilla crea España y se disuelve en ella”), en contra de muchas opiniones en sentido contrario que son las más usuales y habituales en la actualidad y, finalmente, no dejando de reconocer el carácter cainita con el que solemos castigarnos los españoles, Agapito Maestre nos ofrece una sentencia que es, fundamentalmente, aspiración y esperanza: “Ser español es saber convivir con el enemigo”.

Película para revisar varias veces y para contemplarla con papel y bolígrafo para tomar anotaciones y llegar a conocer y profundizar en la obra y pensamiento de todos los autores citados, se me hace inevitable pensar que Gonzalo García-Pelayo ha elegido la figura de Agapito Maestre porque sus ideas coinciden en gran medida con las del filósofo y su voz se convierte en luz para ayudar a comprender el proyecto global de “El año de las 10 + 1 películas”. Recordando que el director viene de la órbita del underground y la contracultura de finales de los sesenta y principios de los setenta (con su coautoría, junto a Julio Matito, del mítico “Manifiesto de lo borde”), la crítica que hace Maestre a los que fueron movimientos emancipatorios vendría a ser un retrato de la propia evolución del director que, como el filósofo, ha puesto en primer plano la defensa sin ambages de la libertad individual y de la pluralidad humana frente a los afanes prohibicionistas, regulacionistas e intervencionistas que no dejan de entorpecerlas en el presunto nombre de esas mismas libertad y pluralidad. Pensamiento insurrecto funciona, en última instancia, como espejo incómodo de esa contradicción, como advertencia de la peligrosa ola que cada día va alcanzando mayor extensión y como clave explicativa de todas las películas del designio cinematográfico, o sea “El año de las 10+1”, de Gonzalo García Pelayo.

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