Me siento feliz

Con Iván García-Pelayo y Lucía Seles frente a confireria Saint Moritz

Me siento feliz cuando estoy con Lucía Seles.

Me gusta estar con ella con cualquier motivo. A mi hijo Iván le sucede lo mismo.

Para oir tangos cantados por sus amigos de infancia, para ver un partido de fútbol que televisen, para hablar moderadamente mal de Bergman o de Lorca, para hablar muy bien de Ozu o de Buñuel, para hablar mal (ella) de los días soleados y de las playas, para oírle hablar de sus horarios rigurosos de trabajo, para comentar cosas de sus actores con los que empiezo a trabajar pronto, para que nos cuente como va el montaje de «School privada Alfonsina Storni«, para conocer su amor por los hospitales y su rechazo a que se presione a las enfermeras para que sean más naturales, para ir al hipódromo y verle apostar por caballos basado solamente en sus nombres, para oírle contar la dificultad que tiene en que los subtítulos en inglés de «The urgency of death» se escriban en letra minúscula, para caminar por el microcentro de la ciudad eligiendo dónde comer en confiterías que todavía no conoce que tengan ventanales a calles laterales, para oírle hablar de sus años de retiro y trabajo en soledad en su casa cercana a Corrientes, para oírle contar que mañana viaja a Mar del Plata en un tren con cafetería que solo vale tres euros y pico y que quizá por ese precio tan conveniente costó tanto esfuerzo sacar el pasaje, para hablar muy bien del invierno, para conocer su opinión sobre la dieta de arroz blanco y fiambre en horario extremo que se administra en los días de trabajo exigente, para oírle hablar de Bochini, nuestro futbolista favorito o de los poetas chilenos suicidas que ella clasifica en importancia según la edad en la que tomaron tan drástica decisión sobre sus vidas, para hablar de su amor en lejanía por Juan Claudio Cifuentes y el mío en mucha mayor proximidad, para conocer la actualización de sus largos listados de agradecimientos, odios y sufrimientos, para oírle expresar su cercanía con el personaje de Torrente y su mayor lejanía del de Serrat, para oírle hablar de las maravillas de Hurlingham, Bernal, Sarandí, Campana u otros puntos del conurbano bonaerense donde normalmente filma, para oírle contar como le gusta las hechuras que mi hermano Javier tiene al andar y lo poco que le gusta que deje algunas comidas a medias, para oírle contar como descubrió la iglesia maronita con parking que está al lado de esta confitería Saint Moritz donde rodó «Carrefour virgin» y donde se encontró con Alvaro Arroba para iniciar lo que sería su relación con todos nosotros. (Foto de Sebastian Toro, que propició y propicia todas nuestras reuniones y con quien empezaremos a rodar una nueva película con muchos actores de Seles el próximo miércoles día 31 de mayo).

Publicado en: 29/05/20232,6 min. de lectura512 palabrasCategorías: Cine Argentina, Personal

¡Comparte este artículo!

Deja un comentario

diecinueve − 17 =