María fue la artista más artista que conocí

Entrevista a Gonzalo García-Pelayo sobre María Jiménez
Fuente: ctxt.es

“María fue la artista más artista que conocí”

Miguel Mora

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A Gonzalo García Pelayo (Madrid, 1947) se le conoce por haber inventado un método con el que logró desbancar casinos de todo el mundo junto a su familia, una peripecia que se recoge en la película Los Pelayo (2012). Mucho antes de aquello fue cineasta y productor musical y uno de los padres del rock andaluz. Produjo más de 130 discos y lanzó a artistas como Lole y Manuel, Triana y María Jiménez, a quien dio un pequeño papel en su primera película, Manuela (1976), y con quien firmó dos de sus 18 discos más importantes, el primero (Se acabó), y el de su resurrección musical en 2002, Donde más duele, con canciones de Sabina.

Sobre la cantante trianera, icono del arte gitano, de la libertad de las mujeres y de la lucha contra la violencia machista, García Pelayo sostiene que fue la más “artista” de todos los que conoció, por encima incluso de Morente o Camarón. “Era la mejor por bulerías. Más que la Niña de los Peines y solo un paso detrás de La Paquera”. Hablamos con él por teléfono horas después de conocer la noticia del fallecimiento de la cantante.

¿Cómo recuerda a María? ¿Cómo la definiría? 

Era una mujer arrebatadamente graciosa, inteligente, que tenía prácticamente respuesta para todo

María Jiménez es la artista más artista de todos los que he trabajado en el mundo de la música. Bueno, también quizás con Aute, con Manuel Molina, pero realmente el genio de María era un genio personal, no solamente cuando cantaba en los discos, en el escenario, sino también en persona. Un día me contaba una anécdota que le pasó en un café francés, en un festival al que había ido a cantar. Pidió algo y cuando fue a pagar sacó una moneda de los diez duros antiguos, aquellos con la efigie del caudillo. Entonces el camarero antipático francés, le respondió inmediatamente: “No, señorita, aquí son francos, francos y doncellas”, indicando la moneda y la cara del caudillo. Le dijo: “¿Y ese quién es? ¿Manolo Caracol?”. Era una mujer arrebatadamente graciosa, inteligente, que tenía prácticamente respuesta para todo. Realmente yo estaba enamorado de ella. Era toda una personalidad; como mujer tenía mucha sensualidad y muchísima gracia personal, era una de una vitalidad extraordinaria.

Hoy han dicho en RNE que fue un pilar del flamenco moderno. Diría que, comparada con Camarón, Morente y Paco de Lucía, ¿fue tan importante?

Más artista, mejor, mucho mejor.

Eso son palabras mayores. Fue desde luego una maravillosa intérprete, hizo diabluras por bulerías y rumbas, pero no sé si fue tan influyente como esos tres genios…

Creó un estilo propio, quizá fue menos influyente, como es menos influyente Bach que Mozart, pero no peor. La bulería es casi lo máximo del flamenco ahora, y ella era la mejor por bulerías. Más que la Niña de los Peines y solo un paso detrás de La Paquera.

Soy Bambino con tetas, decía ella.

Sí, Bambino era nuestra guía. El mérito, creo, fue adelantarse a su tiempo en 20 años con temas y ese estilo único, sensual y diciendo todo muy bien dicho.

Decían que era vulgar, pero era un volcán… Y lo valiente que fue siempre, la fuerza, ese rajo gitano…

No, no, vulgar no, de ninguna manera. Solo para los cursis. Y la persona era extraordinaria, una mujer radicalmente independiente, aunque después lo echara todo abajo con su boda. Ese fue su único error, pero ahí demostró que el instinto primaba sobre cualquier otra cualidad. Era una hembra enamorada.

Y maltratada. 

Me decía que después de una actuación no le entraban ganas de follar porque ya se había descargado sexualmente en el escenario. Eso es único y creo que nunca se publicó ni lo dijo en público.

Como productor, lo único que hice con ella fue trabajar un poco su estilo, su personalidad, su sensibilidad artística

¿Cómo la encontró y cómo la ayudó con su primer disco? 

La vi bailar en Los Gallos, el tablao de Sevilla. Y me quedé enamorado. Como productor, lo único que hice con ella fue trabajar un poco su estilo, su personalidad, su sensibilidad artística. Ella ya había comenzado seleccionando unas canciones formidables que son las que yo quise grabar en el primer disco y que fueron su primer éxito. “Vámonos”. La canción que le dedicó al padre de su primera hija, cuando decía: “Y vámonos / donde nadie nos juzgue, / donde nadie nos diga que hacemos mal. Vámonos / donde no haya justicia, ni leyes, ni nada. / No más nuestro amor”. La gran letra de José Alfredo Jiménez era una obra maestra del surrealismo. Yo creo que esa canción le hubiera entusiasmado al Buñuel mexicano y a los franceses, a Bretón y toda esta gente, porque digamos que es un poco el Tristán e Isolda de la música popular.

Aquí no nos enteramos casi. María sobresalió más por sus rumbas que por las rancheras…

Nadie le dio esa importancia aquí, pero a mí esa canción me parecía que era absolutamente la bandera de María; y la había seleccionado ella. Mi trabajo fue buscarle y ofrecerle canciones, que ella siempre aceptaba con muchísimo gozo, que pudieran enmarcar perfectamente su carácter y su sensibilidad. Por eso, cuando ocurrió lo que ocurrió de la muerte de su hija, hicimos un disco realmente espeluznante en el que todo era resonancia. También volvimos a José Alfredo Jiménez. “Las luces que dejaste encendidas / no sé cómo voy a apagarlas”. Es decir, todo era cante. La canción dedicada por Alberto Cortéz, “En un rincón del alma”, todo dedicado a la niña, que era una joven realmente impresionante. A María había que levantarle el ánimo porque en ese momento tenía mucha depresión y pensamos que había que hacer un disco alegre, con fuerza, como los primeros que había hecho; hicimos “Gracias a la vida” de Violeta Parra, tantas canciones que eran verdad, “Vigor frente al amor”, otra de José Alfredo. Entonces le ofrecí un tema de César Isella, que se llamaba “Resurrección de la alegría”. Le entusiasmó, era una letra formidable. No fue un éxito ni una canción conocida, pero hicimos una versión con unos arreglos del hermano de Manolo Sanlúcar, uno de los hermanos pequeños, no Isidro, sino el otro. Creo que es uno de los mejores arreglos de todas las grabaciones que yo he hecho y esa letra, “Resurrección de la alegría / que estoy de fiesta con mi sangre”, vuelve a ser algo también un poco surreal, también un poco tiene que ver con el cuerpo, con el espíritu, y creo que también le hubiera gustado, eso de estoy en fiesta con mi sangre, a Buñuel. Ese fue un poco el camino que seguíamos, siempre encontrar canciones que estuvieran hechas casi para ella.

Y luego se separaron mucho tiempo hasta que se reencontraton con Sabina, y fue otra vez un exitazo.

En ese último disco que trabajamos juntos metimos las canciones que yo creía que más le pegaban del estilo de Sabina; había escrito algunas que tenían que ver con la canción española, con la copla, y las adaptamos por rumbas con las guitarras flamencas de Gerardo Núñez y Enrique Melchor. A María le encajaban perfectamente. “Medias negras” es una de las mejores canciones del disco, aunque hay muchas. Como “19 días y 500 noches”, pero para mí la mejor es “Cerrado por derribo”. Ella acababa de romper su matrimonio y después de tres matrimonios con el mismo hombre fue un desastre; yo lo viví además dolorosamente a su lado, porque se cargaba la carrera, se la cargaba a ella espiritualmente, se cargaba todo. Aunque tuvo la felicidad de su hijo, que ha sido el apoyo más grande de toda la segunda parte de su vida, y ahora lo era también. Lo mejor de ese matrimonio terrible, porque todo lo demás salió mal… Fue un amor loco el que ella tenía por ese hombre, no sé si lo merecía o no. Era su gran rival, ‘El Estudiante’, todos teníamos un poco esa imagen de Pepe Sancho.

La grabación fue un baño de lágrimas… 

Llorando, llorando, pero cómo grabó. Lloraba también las canciones de la muerte de su hija, esa letra de Sabina que me parece una absoluta obra maestra no pensada exactamente para ese momento de María, pero que María la hizo suya. María hacía suyas las canciones como si hubieran sido escritas por ella. Y cuando decía “Ni me olvido de su cara / ni me acuerdo de su cruz…”. Esos dos versos de Sabina me parecen sensacionales. Y tal y como María los concibió y como María los cantó en aquel disco…

En fin, solo me queda decir, adiós María. Para mí ha sido una maravilla el haberte conocido, haberme enamorado de ti, haber estado detrás de tu carrera como artista, como mujer. Y te agradezco muchísimo toda la relación que tuvimos tan larga durante tanto tiempo. Tú y gran parte de mi familia.

Gracias, Gonzalo.

Gracias a ti.

Publicado en: 09/09/20238,4 min. de lectura1680 palabrasCategorías: Entrevistas

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