La cultura está para obedecer al poder. Yo vivo en lo contrario

Entrevista en El Mundo Sevilla a Gonzalo García-Pelayo
elmundo.es

Gonzalo García Pelayo: «La cultura está para obedecer al poder. Yo vivo en lo contrario»

MANUEL MATEO PÉREZ @manuelmateop

Gonzalo García Pelayo es director de cine, escritor, productor musical, físico, investigador, apoderado de toreros, tahúr, experto en póker, ruletas y criptomonedas. Un polígrafo, un humanista, una leyenda, productor enamorado de María Jiménez y kilómetro cero del legendario grupo Triana. García Pelayo es el inventor de la contracultura española, uno de los personajes más fascinantes de la Sevilla de las últimas décadas, una fuente de inspiración para muchos devotos que hallan en él la piedra angular del talento, el arrojo y la curiosidad sin límites.

Estos días prepara viaje a Argentina para rodar su próxima película, pero está de enhorabuena porque las plataformas Flix Olé y Filmin han reunido sus diez últimas películas, aquel proyecto titánico que el cineasta realizó en un año, entre mayo del 21 y abril del 22. El proyecto llevó por título El año de las 10+1 películas, un reto donde trabajó con el productor Gervasio Iglesias.

Durante un año su equipo y él viajaron a diferentes partes del mundo: Kazajistán, India, Argentina, Portugal y España. En esas geografías de las emociones, García Pelayo volvió a indagar en aquello que más sabe y que más le gusta: paisaje, sentimientos, música, cine dentro del propio cine y el sexo como uno de los argumentos que mueven el mundo. Pudieron verse en su día todas reunidas en Matadero y el Reina Sofía de Madrid. García Pelayo, además, prosigue sus trabajos en la editorial Serie Gong donde, como antes hizo con la música, vierte ahora sus pasiones literarias y las de aquellos hombres y mujeres que admira.

¿Cuál fue la génesis de aquel titánico empeño cinematográfico? «Me encontré con un vacío que tenía que llenar. Mi mujer me dejó y reuní recuerdos dispersos donde un día me dije: aquí quiero rodar una película. Lo hablé con Gervasio Iglesias y nos pusimos a trabajar. Primero una, después otra, más tarde una más y así hasta reunir diez», recuerda.

Las diez películas no tienen un hilo evidente. Cada una obedece a una obsesión, a una narrativa, a uno de esos infinitos puntos de vista que el creador acaricia en su cabeza. Los títulos de las diez películas son estos: Dejen de prohibir que no alcanzo a desobedecer tanto, un antiguo corralón sevillano donde se dan cita heterodoxos como el Canijo de Jerez, Pepe Ortega o la Chocolata.

Ainur, historia de amor en la capital de Kazajistán. La tercera es Así se rodó carne quebrada, la unión entre la filosofía de Spinoza y nuevas experiencias sexuales. Alma quebrada, música para sanar a cuatro personajes llenos de contradicciones: Chicas en Kerala y Diario Tamil, inspiradas las dos películas en la cultura hindú. Siete Jereles, un homenaje a Jerez en sus calles y barrios típicos. Tu coño, el amor de un artista por el sexo de su pareja. Pensamiento insurrecto, reconocimiento a la obra del filósofo Agapito Maestre, y por último El otro lado de la realidad, una suerte de tratado de existencialismo basado en la novela homónima de Luisa Grajalva.

«Mis películas no tienen grandes producciones. No son La guerra de las galaxias. Son películas intimistas que hablan de mis obsesiones, de mi pensamiento, de mis preocupaciones, de mis alegrías, de lo que he aprendido y sobre todo, de lo que quiero aprender», dice.

Virar hacia la felicidad

El paisaje es un eje del cine de Gonzalo García Pelayo desde la lejana Manuela. El campo andaluz, ajeno, distante, áspero y a la vez maternal y tierno vive también en otras películas del maestro como Rocío y José, inspirada en la romería onubense, mientras se hace urbano en películas como Vivir en Sevilla. Y frente al paisaje está el sentimiento humano, la piel de los hombres y las mujeres, su epopeya, su gramática diaria: «pero sobre todo la alegría. Mi cine, mi vida, tiene un sello que vira hacia la felicidad. Acabo de estar un rato largo con mi nieta de dos años y esa sonrisa quiero que esté en mi cine», dice. «Sé que después la vida se complica: la cultura, lo que el hombre pone por encima de los instintos termina por acabar con lo bueno que hay en nosotros, pero la alegría que transmite mi vida es lo que pretendo trasladar en mi cine», insiste.

La música le llevó al cine y el cine le retrotrae siempre a la música. Gonzalo García Pelayo fue productor musical. Dio a conocer a María Jiménez, estuvo en la génesis de Lole y Manuel y del mítico grupo Triana. «Las canciones que produje tenían que tener un hilo argumental, tenían que poseer imagen cinematográfica. No utilizo la música para completar imágenes. Todo lo contrario: busco imágenes para completar la música. Todo lo contrario a lo que se hace habitualmente», asegura.

Y luego está el cine dentro del propio cine que es tanto como enseñar los trucos de un mago. En eso Gonzalo García Pelayo es insuperable. Él está en sus películas. Si el género literario del ensayo se llevara al cine él sería su principal evangelista. «La película dentro de la película es la tramoya que nadie ve, aquello que formaría parte de la privacidad de cada realizador. Pero en lugar de ocultarlo yo lo integro en el montaje final, cuando, por ejemplo, frente mi hermano pregunto: Javier ¿tú verás si tenemos que hacer o no la película?», recuerda.

El sexo

¿Y el sexo como uno de los argumentos que mueve el mundo y la entrepierna de hombres y mujeres? «No uno de los argumentos: El sexo es el argumento -responde-. El mundo lo mueve el sexo. La naturaleza inventa el sexo para que el mundo no se acabe. El sexo es más fuerte que el dinero. Dicho de otro modo: queremos dinero para tener sexo». Y el amor entonces ¿dónde queda? «Dentro del sexo -asegura convencido-. La naturaleza inventa el amor como una suerte de trampantojo del sexo. Nos idealiza los vínculos para garantizar la supervivencia del género humano. Cuando hay delirios amorosos y no hay sexo lo que hallamos es una represión del sexo que no ha salido». La síntesis es esta: «a la naturaleza le dan igual nuestros sentimientos. Lo único que le importa es la conservación de la especie».

El mejor título de sus diez películas es Dejen de prohibir que no alcanzo a desobedecer tanto. Y si lo pensamos bien ese título es una jaculatoria, una sinopsis, un epitafio en la vida de García Pelayo. ¿La diferencia entre cultura y la contracultura? «La cultura está hecha para satisfacer al poder. Ahí viven las sinfonías de Beethoven, el Requiem de Mozart, las cantatas de Bach. Ese listado de obras maestras son maravillosas, pero están hechas para satisfacer al poder. Yo vivo en lo contrario: la contracultura está hecha para desobedecerlo. Y se pone en pie en el siglo XX cuando la diversificación social te permite a la vez tener cultura y contracultura». Hay dos últimas preguntas para el maestro:

– ¿Usted por qué ha sido tantas cosas?

– Por curiosidad. Quiero verlo todo, vivirlo todo, estar en todos los sitios. Quiero estar donde esté la acción.

– ¿Y una vida es suficiente?

– Me gustaría tener más. Pero supe que solo tenía una mi única obsesión fue exprimirla lo máximo posible. Además, moriré dentro de mucho.

Publicado en: 12/11/20236,7 min. de lectura1347 palabrasCategorías: Cine, Críticas, Prensa

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