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“Ensalada de sintagmas” para definir su texto cinematográfico

Vivir en Sevilla, Frente al mar, Corridas de alegría

Aplicando su máxima “frente a la qualité, cantidad”, García-Pelayo se lanza a producir películas baratas, de rápida realización aprovechando el mismo equipo, las mismas localizaciones de rodaje, los mismos actores. Era un gesto que respondía a la urgencia de los tiempos y a la manera en que este director entendía el compromiso social y político con esos mismos tiempos. Vivir en Sevilla y Frente al mar las produce él mismo, mientras que para Corridas de alegría cuenta con el apoyo de Andrés Vicente Gómez. Ya hemos hablado de Vivir en Sevilla, incluso hicimos hincapié en el baile de Farruco que literalmente parte la película en dos. Frente al mar y Corridas de alegría participan de una misma manera de entender el lenguaje cinematográfico. En la primera mediante el intercambio sexual de parejas que conversan sobre esto y aquello y hasta se acercan a escuchar a El Negro del Puerto contando el Romance de Bernardo el Carpio. La segunda una road-movie al compás de los pies de La Farruca, en la que se machacan los clásicos del thriller moderno: delincuencia, prostitución, drogas, travestidos… Tres ejemplos de un cine inclasificable, imposible de gobernar.

Julio Pérez Perucha

La película más libre, arriesgada, desprejuiciada, anárquica, de la historia del cine español

Miguel está enamorado de Ana. La relación no funciona del todo y deciden romper. Ana se enamora de un pintor sevillano que ha regresado tras cuarenta años de exilio pero no puede olvidar a Miguel. Miguel inicia una apasionada relación con Teresa.

La película más libre, arriesgada, desprejuiciada, anárquica, de la historia del cine español. Todo el cine español actual parece antiguo, ñoño, sin sangre, en comparación. A destacar la memorable, antológica, secuencia protagonizada por Silvio con una merluza de campeonato, y el genial baile de Farruco.

Su amor por Ana y su desencuentro circundan una película que es a la vez documental, una ficción y su propio making off. Y que no es ninguna de estas cosas, eufórica, poética, sensual, desquiciada y serena. Con la Transición de fondo ineludible, un fresco que capta la luminosa primavera sevillana de 1978, y sus míticos personajes. Como Silvio, chispeante, y Farruco en un intenso baile. En palabras de Alfonso Crespo: “¿Godard, Garrel, Eustache, Rouch, Truffaut, Rozier, Brisseau, Monteiro? Pelayo”.

Álvaro Arroba