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Miguel Martín vuelve a publicar su excelente crítica de nuestra película :

Con ocasión del estreno de "Todo es de color" en Filmin Miguel Martín vuelve a publicar su excelente crítica de nuestra…

Publicado por Gonzalo Garcia Pelayo en Martes, 18 de julio de 2017

Todo es de Color en Ubrique

10 de junio de 2017

Por Pepe Freire:

Cineando. Ubrique. Un grupo de entusiastas del cine, se reúne todos los viernes para ver películas proyectadas en una sala oscura. Ayer invitaron a Gonzalo Garcia Pelayo para ver su película TODO ES DE COLOR. Posteriormente hubo un jugoso coloquio, siempre es una gozada escuchar a García Pelayo hablando de lo que sea. Seguramente habrá mas sitios como este, pero yo me sentía como en el pueblo de Astérix. Un irreductible grupo de personas resistiendo, viendo cine y hablando de películas. Un buen ratito. Larga vida a Cineando.

Antonio Gutiérrez Villagrán y Gonzalo García Pelayo

 

Pequeño vídeo de la última temporada con un agradecimiento y un guiño a Gonzalo:

A Gonzalo García Pelayo –a quien pudimos ver y oír en la presentación, el pasado viernes 9 de junio, de su película Todo es de color (2016) en el cineclub Cineando en Ubrique– se le conoce por muchas cosas, y no siempre en relación a su brillante ejecutoria como cineasta y productor musical –entre otras cosas, fue responsable del mítico sello Gong, en el que publicaron sus discos muchos de los músicos y bandas que renovaron el panorama musical español a partir de mediados de los 70–. Es llamativo, por ejemplo, que una parte de su biografía esté ocupada por su empeño –muy fructífero, al parecer– en desarrollar un método de fundamento estadístico para ganar en el juego de la ruleta. La historia es sobradamente conocida y dio lugar incluso a una película, Los Pelayos (2012 ), dirigida por Eduard Cortés, en la que el actor Lluís Homar encarna al propio Gonzalo García Pelayo en el papel de cerebro de un clan familiar que trata de desbancar un casino.

Gonzalo García Pelayo.

Gonzalo García Pelayo.                                                                                                       Foto: cedida por Warner.

No deja de ser paradójico que el director de algunos de los títulos más significativos del cine undergroundespañol inspirara la trama de una película comercial diametralmente opuesta a la estética y postulados de su propio cine. En cualquier caso, el intervalo durante el cual la principal ocupación de García Pelayo fue el juego supuso un paréntesis de casi veinticinco años en su carrera cinematográfica. Atrás quedaban títulos tan significativos como Manuela (1976), basada en una novela de Manuel Halcón, pero a la que García Pelayo impuso un ritmo y una concepción visual que nada tenían que ver con las encorsetadas adaptaciones literarias entonces al uso; o la rompedora Vivir en Sevilla (1978), que hoy puede verse como un verdadero documento antropológico sobre los modos de vida y aspiraciones de toda una generación en un espacio concreto; o Frente al mar (1978), en principio una de tantas películas que trataban de aprovechar la recién inaugurada permisividad sexual, pero cuyo previsible pretexto argumental –un grupo de “progres” practica el intercambio de parejas durante un fin de semana en las playas de Chipiona– no impide que el director abra llamativamente el metraje a insertos documentales aparentemente desconectados de la trama, pero no exentos de intención: desde una subasta de pescado en la lonja local, en significativo contrapunto con una secuencia en la que los protagonistas ventilan sus contradictorios sentimientos posesivos tras la primera noche de intercambio de parejas, hasta una curiosa toma en la que el cantaor José el Negro hace una peculiar mezcolanza de romances aflamencados, que también parecen aludir irónicamente a la enrevesada tesitura en que se hallan los protagonistas.

En estas películas de su primera etapa quedan definidos los rasgos del cine de García Pelayo: sabor costumbrista y documental, apertura a la improvisación controlada –bajo el sobreentendido de que los actores, frecuentemente no profesionales, comparten con sus personajes determinados rasgos de carácter que basta dejar aflorar– y un curioso sentido del humor, el goce vitalista y el erotismo, gobernados por una especie de decantación callejera y bohemia de los ideales libertarios entonces en boga. No sorprende que éstos sean también los rasgos definitorios de los títulos que el director ha dirigido desde su vuelta al cine tras el paréntesis dedicado al mundo del juego. Sus últimas películas, en efecto –y muy significativamente la titulada Alegrías de Cádiz (2013)– conservan el espíritu y hechuras de las primeras, aunque inevitablemente su antigua mordiente corrosiva haya cedido el paso a una consideración entre nostálgica y elegíaca del goce de vivir, articulada en tramas que frecuentemente contrastan las actitudes de personajes muy jóvenes –léase, bellas e ingenuas muchachas– con la encallecida conciencia de supervivientes de quienes tienen la edad e ideales del propio director o de su alter ego y frecuente actor en sus películas, su hermano Javier García Pelayo.

El mítico grupo Triana.

El mítico grupo Triana.

Tales son los rasgos que afloran en Todo es de color, su último filme distribuido en los circuitos comerciales, aunque no el más reciente: en la página web del director pueden verse otras tres filmaciones posteriores, entre ellas la titulada Sobre la marcha (2016), que tiene mucho que ver con la que comentamos, por estar también protagonizada por Javier en su condición de baqueteado superviviente del viejo mundo underground y sus batallas. En Todo es de color, en efecto, será este personaje quien encabezará una nostálgica comitiva de moteros que, partiendo del cementerio madrileño en el que están enterrados dos de los tres miembros del mítico grupo de rock Triana, que García Pelayo produjo para su sello Gong, recorrerán diversos lugares relacionados con la estela sentimental de la banda y terminarán su periplo en Caños de Meca, donde reside el único miembro superviviente de la misma y tendrá lugar, con la participación de conocidos músicos, coetáneos y más jóvenes, un concierto-homenaje al grupo sevillano.

La película alterna sabiamente los momentos emotivos con las habituales escenas de improvisada comedia que aportan al cine de García Pelayo su característica componente bienhumorada y vitalista. Pero lo más llamativo, sin duda, es la curiosa ambivalencia con la que el maduro director estudia los semblantes y actitudes de sus coetáneos. No puede pensarse que no sea intencionado, por ejemplo, el contraste entre las estudiadas poses de todos estos viejos rockeros, enfundados en chupas de cuero y a lomos de potentes motos, y toda una amplia y variada colección de freaks que, de algún modo, los remedan o reflejan: entre ellos, el inefable personaje apodado “Falconetti”, que hace de involuntario bufón en la relajada tertulia congregada en torno a Eduardo Rodríguez Rodway, el último superviviente de la banda. Las desinhibidas risas de las nietas de éste ante las grotescas performances de “Falconetti” aportan un punto de frescura a este enrarecido entorno de personajes superados por el tiempo y las circunstancias. Igualmente, no deja de estar cargado de intención el encuentro entre Javier García Pelayo y una señora sevillana más o menos de su edad, pero en absoluto caracterizada como perteneciente a ninguna tribu urbana de ayer o de hoy, que cuenta al desmedrado rocker su brega durante décadas con un marido enfermo de Alzheimer: a pesar de la enfermedad, declara al asombrado Javier, siempre se sintió amada por él.

Una escena de 'Todo es de color'.

Una escena de ‘Todo es de color’.

¿Suponen estas contrastadas escenas algún tipo de puesta en cuestión de los ideales de una generación fundamentalmente narcisista y quizá inútilmente volcada a un nihilismo autodestructivo? Otra de las secuencias más destacadas de la película muestra una pesadilla en la que el citado Javier intenta salvar del suicidio a un compañero, víctima de un mal “viaje”. El director no carga las tintas, pero tampoco parece dispuesto a obviar la existencia de ese elemento oscuro en la historia de su generación. Su crónica, desde luego, puede hacerse desde las relajadas actitudes de quienes no sólo han sobrevivido, sino que incluso disfrutan ahora relajadamente de las prebendas de la sociedad de consumo. Todo es de color muestra abundantemente estos goces de la madurez bien adquirida: la música compartida alrededor de una hoguera, las bellas playas del sur, el roce con cuerpos hermosos y deseables, la prestigiosa mitología de un tiempo perdido. Pero entre los vivos colores evocados en el título –que es también el de una conocida canción de Manuel Molina que Triana incorporó a su repertorio– hay también, qué duda cabe, tonalidades oscuras. La película de Gonzalo García Pelayo no las esconde; pero, desde el vitalismo que caracteriza todo su cine, tampoco decanta hacia ellas su balance personal de un tiempo del que fue destacado protagonista, y de cuyos errores y aspiraciones todavía podemos aprender algo.

Todo es de color en Córdoba

10.06.2016

Hoy estrenamos “Todo es de color” en Córdoba, ciudad y provincia (junto con su hermana Jaén) de lo más trianera y donde el grupo actuó con mayor frecuencia. La película está teniendo una acogida crítica que a todos nos sorprende pero que no se corresponde con la aceptación popular que esperábamos. Realmente no ha tenido una gran gran afluencia de público en ningún sitio hasta ahora. Córdoba puede cambiar esta tendencia y quizás debido al gran trabajo de difusión que ha realizado Paco Lopez Municio (en la foto) distribuyendo carteles por toda la ciudad y alrededores así como por la presencia de Randy Lopez y Miguel Galan en el reparto del film.

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…destila humanidad y “pasionalidad” en cada secuencia…

01.06.2016

…a mi, personalmente, su cine –libre y alternativo– siempre consigue “atraparme”. El cine que crea Gonzalo es, para mi, un cine “seductor” por lo que tiene de sensitivo –casi de irracional–. Un cine “latiente” y “cálido” que suena, visualiza y destila humanidad y “pasionalidad” en cada secuencia…y es que el cine de Gonzalo García Pelayo una vez visto, hay que repetirlo para disfrutarlo…: los latidos de este hombre son tan intensos y cotidianos, tan espontáneos, tan libres, tan “de verdad” –¡y tantos!– que requieren “parar el tiempo” para sentirlos y gozarlos.
Son párrafos del magnífico comentario-crítica que hace Fernando Gonzalez Lucini, el gran especialista en música de autor, en su blog -Cantemos como quien respira -que tiene ya casi millón y medio de visitas:
http://fernandolucini.blogspot.com.es/…/todo-es-de-color-tr…
Muy bien ilustrado, es un placer leerte Fernando. Muchísimas gracias.

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Tiene un lenguaje y un mensaje propio, único e irrepetible

30.05.2016

Escribe Orlando D Drago:
Hay cineastas que son un género en si mismo. Gonzalo Garcia Pelayo es uno de ellos. Todo es de color es una experiencia que no puedes dejar pasar.
Ir a ver una película de Gonzalo Garcia Pelayo me recuerda a cuando era pequeño y abría una lata de galletas de la que dudaba si era lo que parecía o si acababa siendo un costurero. Aunque con él es mucho mejor. Ya que en sus películas, como en una feliz caja de Schrödinger, suelen haber galletas, botones, agujas e hilos al mismo tiempo y en el mismo espacio… y todo es de color.
El cine de GGP no es como la mayoría del cine español: mimético y predecible. En su cine hay magia. Tiene un lenguaje y un mensaje propio, único e irrepetible. Más que acercar su obra al cine convencional tendríamos que entenderla como piezas de un artista contemporáneo que ha elegido este medio como vehículo de expresión. Es muy significativo ver como a pesar de tener una decena de largometrajes creados, sólo sean suyos un guión y medio, pero todas sus películas son indudablemente suyas.
Tuve la suerte de ver su última obra el pasado día 19 de mayo. Y sucedieron dos curiosas sincronías.
Por un lado coincidía que era justo el primer aniversario de la muerte de Manuel Molina, autor de la letra de Todo es de color. Esto, no lo sé, pudo estar previsto. Pero por otro lado, y esto era totalmente imprevisible, ese mismo día moría Alexander Astruc, cineasta francés que en 1948 propuso la teoría de la caméra-stylo (cámara estilográfica, o cámara bolígrafo que diríamos ahora). Sólo un año antes había nacido GPP, y creo que no ha habido hasta ahora otro autor que ha creado de forma más precisa su obra en torno a este concepto. Porque GGP maneja la cámara como un escritor maneja su pluma, un dibujante su lápiz o un pintor su pincel, Con una libertad total y absoluta. Dejándose invadir por el azar. Si algo puede incorporarlo al guion lo introduce. Así, sin más. Su límite lo impone la realidad, él sólo es un observador atento, es el niño del traje del Emperador que nos señala con el dedo. Esa misma varianza de la que trataba de huir en el juego es ahora como cineasta su más querida aliada en su obra. Y eso hace que tanto la creación de su obra, como su visión por parte del espectador, sea un espectáculo imprevisto en si mismo. El cine de GGP no es para verlo de forma pasiva. Es un potencial happening que completamos los espectadores con nuestra mirada y nuestro asombro ante sus sorpresas.
GGP usa el cine reinventando las normas y las formas, o se las apropia reciclándolas en algo nuevo. No es esclavo de amaneramientos estilísticos ni de géneros, pero no deja de usarlos. Ya que aunque hay cineastas que son el referente de un estilo, Gonzalo García Pelayo se ha inventado el suyo propio. Él es su propio género. Si no has visto una de sus películas o no lo has hecho en un cine ahora es el mejor momento para hacerlo. Todo es de color reúne lo mejor de su obra. Y creo que es el sleeper del año. Y no digo nada más. ¿Que no he contado nada de la película? No, y no lo hago para que vayas a verla como un espectador activo en la comunión de una sala de cine. Esta película merece esa liturgia.

Orlando es director, guioinista, blogger:
http://rarosybizarros.blogspot.com.es/
http://www.dailymotion.com/video/xgye6u_incomprension-missforstand-de-orlando-d-drago_shortfilms
https://www.youtube.com/user/Murnau1975

Todo es de Color (70)

Transubstanciación es la palabra clave de esta película

27.05.2016

Todo es de color en la visión de un catedrático de Filosofía:
Una obra de arte es Triana. Una obra de arte religioso. Una obra religiosa. Requiere dogma para vivirla. Verla. Transubstanciación es la palabra clave de esta película. Todo lo que toca Gonzalo García-Pelayo lo transforma en algo grande. Su cine es más parecido al dogma teológico de la Eucaristía, uno de los tres grandes dogmas que definen la religión católica, que al canon del mejor cine comercial de nuestra época; pues lo mismo que quien cree en el primero, difícilmente cambiará de religión, el que siga el cine de Gonzalo le resultará imposible no considerar banal, superficial e impostado casi todo el cine que se hace aquí y ahora.
No quiero comparar esta película, que no pretende ser otra cosa que un recuerdo, una vuelta con el corazón, al cantante de Triana, Jesús de la Rosa, fallecido en plena madurez artística, con el rito católico de la Eucaristía, porque no deseo caer en blasfemia, o peor, oficiar de iconoclasta contra la Iglesia Católica. Eso es oficio de rufianes a la orden del día y, además, no cuesta nada… Solo digo que el cine de Gonzalo hay que verlo como quien participa en una Eucaristía. Ver una de Gonzalo es como ir a misa: o se participa o se queda uno en su casa. No valen las medias tintas. Esto es cine de verdad. Auténtico. Aquí no hay nada impostado. Todo es real, incluso la ficción de los Gigantes transformados en Molinos de Vientos con el Arco Iris de fondo en Campo de Criptana. Creo que esas escenas son el mejor homenaje que se haya hecho a Cervantes en el cuarto centenario de su muerte.
El cine de Gonzalo es cervantino. Es imposible, sí, separar el adentro del afuera. Las imágenes nos atrapan sin saber si eso es real o cine. El trabajo de composición es tan perfecto que jamás imaginamos que vendrá después, nadie puede prever si llegarán los malos o resucitará el protagonista, todo puede suceder… Nada es previsible para el espectador. Solo una cosa es fija: la transubstanciación de una música y unas letras en el relato fílmico de una mujer a la búsqueda de su ser, o de su identidad, a través de una comunidad de mujeres y hombres, de todas las edades y radicalmente diferentes unos de otros, que homenajea a un muerto-viviente, a un hombre que ha muerto pero nos ha legado su obra. He ahí el misterio, el dogma, que nos da Gonzalo en esta película. O uno se cree ese dogma o no entiende nada. O se participa de la autenticidad de lo que cuenta el director o asiste como un idiota a un diálogo de sabios.
Esta película está más cerca de la transformación del pan y el vino en el cuerpo y la sangre de Cristo, en la Eucaristía, que de la gran obra artística que solo se deja ver una vez. El cine de Gonzalo necesita ser visitado con frecuencia para transformarnos. Es menester, sí, releerlo, o sea, leer de nuevo. Solo la relectura, de ahí viene también religión y no solo de religare, nos hace nacer de nuevo. Cuando uno ve una de Gonzalo, es imposible separar la ficción de la realidad, la vigilia del sueño, a don Quijote de Sancho… Triana no es una película. Es Arte.
Agapito Maestre
http://www.libertaddigital.com/opinion/agapito-maestre/triana-79081/

En la foto, Rosa Avila, en el momento más eucarístico de la película.

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El rock español empuja detrás de “Todo es de color”

25.05.2016

El rock español empuja detrás de “Todo es de color”. Nada menos que todo el equipo de Rockfm apoya diariamente la única película española sobre el rock en 47 años regalando dos entradas para los cines Golem en Madrid y otras dos para los Meliès de Barcelona. Gran colaboración que nos une y nos comunica con el gran colectivo rockero de nuestro país.
https://www.facebook.com/RockFM/posts/1145122695518042?__mref=message_bubble
http://www.rockfm.fm/noticia.php5?id=1318

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Del verdadero arte de vivir, Amado Storni

24.05.2016

…convierte los fotogramas en sensaciones que cautivan… se juega con la dualidad de la alegría y el dolor, de lo amateur y lo profesional, del eclecticismo y la norma, de la frescura, de lo instantáneo, de lo no ensayado. Del verdadero arte de vivir.
…¿Y los actores? Son el ingrediente que lo marida todo: Javier Garcia-Pelayo, honesto y filosófico-canalla…Hay momentos imperecederos… bailes sensuales a la luz de la hoguera o historias encumbradas por el surrealismo onírico más “buñuelesco”. Pero ninguno llega al clímax fascinante de la interpretación inmortal de los coros de “Tu frialdad” por parte del colectivo de “moteros trianeros”…

Son párrafos que me llenan de satisfacción del blog personal de Amado Storni.
http://amadostorni.blogspot.com.es/
Allí mismo Amado se presenta: “…es licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid. Periodista musical, escritor, músico y compositor.”
Amo tu vinculación con el rock, Amado y te agradezco en el alma tu gran texto sobre nuestra película. (Foto del cartel firmado y expuesto en la cartelera del cine Golem de Madrid).

Todo es de color, Gonzalo

Han tenido que pasar 47 años, Juan Vicente Cordoba

23.05.2016

Escribe Juan Vicente Cordoba (director de cine y conferenciante sobre cine musical español):
“Han tenido que pasar 47 años desde “1, 2, 3 al Escondite Inglés” de Iván Zulueta para que el cine español pueda alardear de haber creado otra película de ficción de género musical rock y pop. La película TODO ES DE COLOR de Gonzalo Garcia Pelayo entra en la lista de las 5 mejores!!!! Un film con música del grupo Triana que te rejuvenecerá si eres mayor de 40 y te transformará si eres un adolescente o estás en los 20. Está en cartelera en los cines Golem de Madrid y Meliés de Barcelona. No os la perdáis!!! Es auténtica!!!De visión obligatoria!!! Nuestro “Easy rider” con Javier García Pelayo como nuestro Jack Nicholson de Andalucía.” Calificación: *****
Con esta foto de un momento de “En el lago” con Miguel Galan y Raimundo Amador hago el propósito de difundir este post para llegar a todos los estamentos rockeros como Rock Fm y todo tipo de webs dedicadas a la música que pido que lo compartan.

Todo es de color Miguel Galán y Raimundo Amador

Cuatro estrellas sobre cinco nos da la revista Fotogramas

21.05.2016

Cuatro estrellas sobre cinco nos da la revista Fotogramas en la opinión de su crítico (fama de duro) Fausto Fernández. El voto popular es aún mejor (te invito a votar). La magnífica crítica que llega también en el momento justo del estreno en Madrid y Barcelona (cines Golem y Meiès):
Espíritu libre, Gonzalo García Pelayo es una de esas rara avis que han sobrevolado, con inclasificable genio, este cine nuestro tan árido y antipático con respecto a las voces con timbre propio e incapaces de seguir (por orgullo y por raza) el discurso monocorde y castrante. Muchas veces le han querido cortar las alas al autor de películas-acontecimiento como ‘Frente al mar’, ‘Corridas de alegría’ o ‘Rocío y José’. Ajeno a ello ha seguido rumbo hacia ese océano de color azul (o de todos los colores) consciente de que su obra quedaba como un archipiélago virgen.
Tras años de silencio, tomándole el pulso a la ruleta de la vida con sonrisa de trilero, ha vuelto a las pantallas con una obra que es, ante todo, experiencia, y que es, sobre todo, un viaje poético, vital y atravesado por la alegría y la tristeza, por el alumbramiento y la muerte, una de las citas ineludibles del cine español este 2016. ‘Todo es de color’ no es únicamente un tributo a Triana, una de las más personales e irrepetibles bandas que supieron ver en el rock el espejo del flamenco, del cante jondo y del hondo sentir de toda una cultura, de toda una generación malograda pero sin ataduras.
‘Todo es de color’ es un maduro trabajo cinematográfico que no duda en cabalgar cualquier género o formato, en pasar de la ficción al documental, del surrealismo al neorrealismo más combativo. Cabalga libre, como libre es el arte de García Pelayo, siempre a la cola del viento, siendo cola del viento. Su estructura, en múltiples personas narrativas y narradoras, podría incluso recordar a una película como el ‘The Wall’ de Alan Parker/Roger Waters. Hay muchos puntos de contacto entre ambas obras inspiradas en un grupo musical y en su propio opus musical: la muerte, omnipresente; el peso del pasado, la apertura hacia lenguajes nuevos y/o diferentes, su condición de ópera y summa… Pero ‘Todo es de color’ es muy nuestra y eso es un plus para todo aquel que quiera dejarse llevar por esta inteligente y nacida del corazón experiencia que hace del quejío una figura retórica y un deus ex machina de profunda y arrebatadora belleza. Es asimismo un trabajo de madurez casi testamentaria para Gonzalo García Pelayo (o tal vez sea, más justamente, un como decíamos ayer a los Fray Luis de León), ese autor que cerraba su ópera prima, la maravillosa ‘Manuela’ (nuestra Jackie Brown décadas antes de la de Quentin Tarantino) con un rojo letrero que rezaba precisamente ‘Todo es de color’, canción leit motiv de ese film. Y si en ‘Manuela’ todo comenzaba en un cementerio, en ‘Todo es de color’ también, combinando lo necrófilo con la celebración (el baile, la música) de la vida. Este su último largometraje que, por fin, llega a las pantallas de toda España, es precisamente una celebración donde la parca se asoma entre sus fotogramas, entre la misma historia de los miembros de Triana. Pero da lo mismo: la luz siempre va a estar para iluminar las tinieblas y al final del camino nos vamos a encontrar el mar, el eterno mar de luminoso azul, tan azul como ese cielo cinematográfico que sobrevuela ese espíritu libre llamado Gonzalo García Pelayo. Se cierra el círculo y todo, todo, ‘Todo es de color’.
http://www.fotogramas.es/Peliculas/Todo-es-de-color#critFG
La foto recoge una precrítica que Fausto publicó en twitter.
Gracias por tu visión, por todo, Fausto.

Fausto Fernandez Fotogramas