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Rocío José por Juan Manuel García Ferrer

25.09.2014

Con una mesa redonda a continuación de la proyección de “Rocío y José” (1983) ha finalizado hoy la completa retrospectiva que la Filmoteca ha ofrecido de la filmografía de Gonzalo García Pelayo. Si alguien ha dejado de ver alguna de sus tan especiales películas, que no desespere: Hay un segundo pase de cada una a partir de mañana, si bien ya sin la presencia de García Pelayo y algún crítico para comentarlas, como pasaba hasta ahora.

Una extensísima fila panorámica de carretas ya de regreso del Rocío en primer plano, con un fondo, como segunda fila, de las nuevas edificaciones que rodean una ciudad, da paso a la mínima pero precisa trama del acercamiento de tres parejas de diferente edad que siguen todo el recorrido del Rocío, constituyendo el meollo de una película que, según palabras del realizador, surgió básicamente para enlazar entre sí, sirviendo de elemento dramático, toda una serie de sevillanas que le entusiasmaban.

Escenas documentales de los romeros cruzando un curso de agua, o asistiendo a la misa matutina, una escena nocturna central, una sevillana cuya letra dice que “con ojos llenos de estrellas / la niña mira al chaval” y una estructura que busca un momento final con la intensidad de “Viaggio in Italia”. Eso forma, básicamente, “Rocío y José”, la película que parecía iba a acabar la carrera cinematográfica de Gonzalo García Pelayo… hasta que el año pasado hizo “Alegrías de Cádiz” y un recorrido encadenado por una serie de festivales europeos lo impulsara de nuevo a la actividad, esta vez con un amplio y hasta ditirámbico reconocimiento.

Luego, en la mesa redonda, Gonzalo de Lucas y Marta Bassols han sabido argumentar un sólido discurso sobre los films de GGP, explicándonos la mar de bien, encontrando las palabras adecuadas, las razones por las que nos gustan sus films, que sólo amábamos intuitivamente.

Pero hay que señalar también que en la sesión de hoy, entre explicaciones de la mesa y de críticos repartidos por las butacas que han cogido así mismo el micrófono, hemos asistido a una experiencia curiosa. Si en los años 70 y 80 se descubría el cine de García Pelayo como una rara avis dentro del panorama de cine comercial de la época, que se había de buscar por los rincones más inesperados, hoy se ha confirmado que la nueva crítica, la crítica moderna, lo ha aupado a los altares de sus autores de culto. Sus films pasarán, a partir de ahora, cuando ya no existe el cine de producción normal, dentro de los circuitos del cine de autor, potenciados por toda esta crítica joven.

¡Gracias juan Manuel.!

Comentarios sobre Niñas

Javier Ikaz: Increíblemente libre y desbordada como la imaginación de los niños. Emocionante y lírica, impresionista y mágica, la película está dotada de una frescura y originalidad que no suele verse en el cine. Godard y Renoir, Carroll y Erice, pero sobre todo Gonzalo. Una inteligente utilización del primer plano y de los sonidos y músicas (desde el flamenco a músicas de Bali), una mirada honesta. El único pero, que se hace muy corta.

Gracias, Javier.

Rocío Durán: Sorprendida y emocionada al ver esta tarde la última película del gran Gonzalo Garcia Pelayo: “NIÑAS”. La película te hace dar un paseo por todo tipo de emociones y sentimientos posibles. Me senti muy identificada con algunas situaciones de mi niñez, que aun recuerdo muy bien! Pero sobre todo…lo pase genial disfrutandola… el dialogo es espontáneo y divertido y la película muy fresca y diferente. Enhorabuena Gonzalo!

Adolfo García Barroso:
Me voy a la cama recordando planos de la película “Niñas”, de Gonzalo Garcia Pelayo , con el deseo de que la vean personas que no sean exclusivamente del círculo familiar, para saber si opino subjetivamente o, simplemente, es la película más bella que jamás he visto.

Fernando Arduan:

Ya la he visto. La nueva película de Gonzalo García-Pelayo, “Niñas”. Todo lo escrito aquí lo digo de corazón, si no se me notaria bastante…

Niñas, que bonito lo habéis vivido. Que bien lo habéis vivido…que intención, que emoción mantenida, natural.

Bueno, ahí va;

La familia, entendida como unión inquebrantable, la ternura expresada como un continuo, valores otra vez. Indispensables.

Me enterneció la escena en la que una madre dedica unas palabras a su hija. Las cosas tan importantes y bonitas que dice, la maternidad entendida desde la niñez, no desde la madurez. La niñez bien entendida.

La mujer admirada, la feminidad contemplada. Ángeles, y la inexorable presencia del cambio. La mujer. Otra vez y de más formas. La mujer que acepta. Espejos,

Textos sublimes. Tratados de otras formas. La música mejor escogida, en el contexto ideal, en la gracia, en la emoción.

Siempre la gracia, la alegría. Renoir, Sorolla, Jose Enrique. La cotidianidad, el sur en una escena con planos pa comérselos.

Un triángulo, con un círculo que encierra otro triángulo, el tiempo, la mujer, la feminidad. Sólo la mujer, todo en femenino. En plural mantenido, protegido.

Ver como ocurre la mujer, en la mujer.

Me encanta, por encima de todo, la niñez entendida desde la niñez. Eso es lo que más me gusta. Enhorabuena Gonzalo y equipo, habéis vuelto a expresarlo. Al menos yo lo he captado así. Y me he reído.

Silvana genial. Y la actriz compartida con el corto, la adolescente tan equilibrada, Cristina? buff, que talento…

Vanesa, escena histórica la del baile. Brutal. Ríos de vida e inspiración.

…que bonito el tres, y que rico el fruto de Candela Jiménez…

El final es magistral.

Luis García Gil: Buenos días Gonzalo, anoche disfrutamos de “Niñas”, este poema filmado, oda a la infancia en la que celebro nuevamente tu energía creativa. Lo admirable es esa sensación de documento en el que has sabido captar el territorio de inocencia, de pureza de la infancia y también esa mudanza de los rostros proyectados hacia el mañana. Me fascinó ese plano sostenido de las niñas jugando al escondite o ese final con Verdi que pone fin al matriarcado o esa Silvana deslenguada con guiño a Vivir en Gonzalo. Fresco familiar -me ha encantado ver a tu familia como eje lírico de tu mirada- Niñas le hubiera fascinado a Truffaut. Pensé mucho en La piel dura viéndola. Un gran abrazo emocionado. Ved que todo es infancia que dijera Claudio Rodríguez. Ah y me encantó ese cortometraje dentro del relato, mirada sutil a la adolescencia.

Miguel Martin Maestro:
No deja de ser un privilegio tener acceso, antes de su distribución oficial, a una obra de arte. Si la misma viene firmada por Gonzalo aún más. No procede ahora diseccionar la película sino, simplemente, referir las primeras sensaciones, las que emanan de los sentidos más que de la razón, aunque los sentidos estén ya tan prostituidos por los años y los prejuicios, quecuesta limpiarse la mirada para conseguir volver a la infancia. Y la primera sorpresa para quien ha visto el cine anterior de Gonzalo es la de que esta película no se parece en nada a lo anterior de su obra, pero cuando piensas dos veces sobre lo visto alcanzas a comprender la relación, todo es un ciclo. Estamos ante la película más naïf del director, la más ingenua, la más espontánea, la más limpia, donde puede echarse en falta la mala leche de sus otras películas, pero es que la historia no admite hipocresías ni maldades. La genialidad de la propuesta parte de la idea acertadísima de rodar con niñas, fundamentalmente, niñas que, recibiendo unas indicaciones muy ligeras, como pinceladas impresionistas, ante la cámara hacen lo que mejor saben, improvisar, narrar, inventar, descubrir, mirar, reir, cantar, contar su incipiente vida desde la más absoluta frescura, con mirada transparente y franca. Y el uso del primer plano resulta trascendente en la película, nada más indicado para no ocultar y darte cuenta de cómo has tenido que ser y en lo que puedes llegar a convertirte por el paso del tiempo. Las niñas y su entorno con una fotografía tan nítida y luminosa como la vitalidad y alegría de todas ellas, unas niñas que pueden quedar como flotando en un espacio trascendente con la simple inclusión de una música que aporta a la imagen una dimensión sensorial añadida, para unos mística, para otros filosófica, para otros de extrañamiento. Todas las artes desfilan durante 70 minutos ejecutadas por mujeres, porque en el fondo, aunque la mirada importante es la de las niñas y la que da más sentido a la película, la película es “la mujer”, la mujer en todas sus edades aparece en la película, el elogio de lo femenino fuera de clichés y revistas de autoayuda, no salen hombres en pantalla más que los resultantes del fruto de una mujer, el instinto natural de la maternidad y el misterio de la vida renovando el ciclo. Hay razones para pensar que estamos ante una película tan aparentemente sencilla que su profundidad puede abrumar y abrir vías de reflexión propia inesperadas cuando vas más allá de lo contado por las niñas. Chapeau de nuevo, hay un par de cosas que, personalmente, me gustan menos, pero ni desmerecen ni afean el conjunto, y además son el resultado del mensaje que el director quiere dar a su obra, no hay porqué compartir o creer en la idea sino si la forma es correcta, y desde luego que lo es, ojalá tenga el éxito que merece.

Antonio Gómez: Es un análisis completísimo de la película poniéndola en relación con las anteriores y, sobre todo, yendo hasta el final de las intenciones de las formas. Lo mejor es leerlo entero pero extracto algunos párrafos:
Cada nueva película de Gonzalo es nueva en el sentido de que nunca la había hecho antes, afrontando con cada trabajo el riesgo que tienen los caminos desconocidos.
entiendo que “Niñas” es ante todo una película esencialmente lírica, pensada desde un lirismo conceptual que no puede expresarse en toda su intensidad sino a través de unas imágenes con la fuerza poética que tienen las que Gonzalo ha creado
En el retorcimiento intelectual que Gonzalo no aparenta, pero que tiene, incluso hay secuencias en las que la hondura poética se consigue, precisamente, mediante la contravención de todas las convenciones poéticas cinematográficas o escénicas, poniendo en duda el recurso mismo de la representación.
poética esencialmente íntima y profunda que apunta a lo más hondo de los sentimientos humanos, a las cuestiones más elementales y esenciales.
de una de las constantes del cine de Gonzalo: la tradición, la sabiduría, los valores, en fin, enraizados en las generaciones anteriores y renovados con las recién llegadas.
tres generaciones en danza, y la representación final de la breve obra de teatro, que acaba destilándose en el significativo baile de libertad de Vanessa.
Las niñas se mueven no en el interior del plano, sino en su exterior, aparecen y desaparecen por los márgenes del encuadre no como un final del momento que retratan, sino como un recordatorio de que ese momento de vida continúa fuera de nuestra vista, creando así un signo poético de singular impacto.
Cada plano de “Niñas” está resuelto con un encuadre cuidadoso, medido y exacto, que le confiere a las imágenes de la película una aparente frialdad casi objetivista. Pero es mentira. Muy por el contrario, “Niñas” es una obra de evidente subjetividad
Gonzalo ha venido a contradecir esa especie de principio cinematográfico que asegura que la música de una película es buena cuando no se oye. En las películas de Gonzalo la música, esencialmente canciones, se oyen, y bien.
tienen un significado más abstracto y abierto que en casos anteriores; como, por otra parte, corresponde al carácter lírico de la película.
pienso que “Niñas” aporta a su cinematografía una profunda expresión poética, lírica, de sus anhelos más profundos e íntimos, aquellos que le hacen maravillarse y rendirse fascinado ante la inocencia y la pureza profundas que rebosan estas niñas, abiertas a todas las sorpresas y ajenas a todos los prejuicios.

Muchas gracias por la profundidad del análisis, Antonio.

Luisa García-Grajalva: El cofre del tesoro, la chistera del mago, la caja de las sorpresas, los descubrimientos de Gulliver, la gruta de las maravillas, el viaje al centro de la Tierra, de la vida, del amor y de uno mismo, las veinte mil leguas de viaje submarino por los deseos que escondimos un día en el rincón más profundo de nosotros…
¿Cabe todo eso en una película? Si la película es “Niñas”, de Gonzalo García-Pelayo, cabe eso y mucho más. Cabe asistir al milagro en cada una de sus imágenes, tocar la Gracia con los dedos de la mente, liberar de ataduras la imaginación, verse arrastrado por una imparable ola de sensaciones y no querer llegar nunca a la playa, sentir que todo vuelve a ser posible del modo más fácil y que lo que dictaba la intuición siempre ha estado en lo cierto, viajar al origen de la belleza…, por decir solo algunas de las cosas que he experimentado después de ver “Niñas” por primera vez.
Pero hay muchas más que descubrir para quienes tengan la fortuna de verla, porque “Niñas”, que pone ante nuestro ojos lo más común a todos, lo más universal, tiene tantas particularidades, tantos matices, que logra, a la vez, ser única para cada espectador, tiene, además, la virtud de formarse con los materiales que guarda cada vida.
¿Y cómo lo consigue Gonzalo? Poniendo ante los ojos la evidencia que pasa inadvertida, lo que a fuerza de ver menos vemos, sugiriéndonos que nos quitemos vendas de los sentidos y de los sentimientos, que volvamos a conectar con todo lo valioso que la intuición nos recuerda que guardamos o que la vida guarda para cuando queramos tomarlo. ¿Cómo lo logra Gonzalo? Haciéndonos ver vivir.
¿Parece fácil, verdad? Pues quien sienta la tentación de pensar que lo es que pruebe a mostrar la esencia del universo en los gestos de unas niñas, o, más bien, de la mujer, creadora, portadora, transmisora de vida y bendecida por ella con este don, como Gonzalo subraya en el final de “Niñas”. Una de las primeras cosas que me ha asombrado de la película es su naturalidad, su sencillez, pero que nadie se llame a error a este respecto: sencillez no es facilidad. Las más grandes ideas de la historia, los más grandes logros, a veces son sencillos, nunca fáciles.
Para empezar, la idea de “Niñas” ya es de muchos quilates, mostrar las posibilidades del universo femenino, el potencial de sus transformaciones y el viaje del pensamiento a través de la existencia en un fresco impresionista compuesto por niñas –todas lo son- de tres generaciones de una misma familia. Dejando que se imponga la belleza natural de ese fresco, pero también -y ahí, para mí, Gonzalo es insuperable- llenándolo de continuas propuestas enriquecedoras, sugiriendo, reflexionando, acentuando, subrayando.
Porque es la forma de mostrar lo que, definitivamente, cautiva de esta película, la mezcla de lo universal con su traducción al universo García-Pelayo, donde siempre admiro la originalidad y la sorpresa, además del exquisito sentido estético en cada detalle: el resplandor del sol entre dos ramas que se dan la mano, la inserción del excelente cortometraje, en perfecta conexión, las voces y los textos, la representación que muestra la intemporalidad del teatro griego, la particular concepción andaluza de la vida. Y la escena cumbre del impresionante baile de Vanessa, que te deja clavado en la butaca y acaba con las pocas defensas que tratabas de poner, si es que a estas alturas te quedaba alguna, para que no galoparan los sentimientos.
Y la música, siempre la música, inseparable de Gonzalo, insuperable en Gonzalo. Ya sé que con esto no descubro nada, que ahí está su trayectoria única, conocida por todos, pero es que la elección de cada fragmento que subraya las imágenes se convierte en pura magia, logra volver tangible lo intangible.
Por supuesto que esta es una crítica apasionada, acabo de ver “Niñas” y estoy todavía bajo su influjo, con todas las emociones que transmite a flor de piel, pero sé que es otra película que no me cansaré de ver y que, como en las anteriores de Gonzalo García-Pelayo, cada vez que la vea encontraré en ella nuevos detalles y matices, nuevas cosas que pensar y sentir.
“Niñas” es mucho más que la infancia recuperada o que un hermosísimo homenaje a la feminidad, es todo lo maravilloso que contiene el viaje de la vida para quien quiera disfrutarlo a través de la pureza del sentimiento, de la belleza y de la Gracia. Un auténtico regalo.

Teresa Benítez Espejo:
He visto la película unas cuatro veces y me siento como abducida.
Pienso que a cada persona la trasladará a un universo propio.Te lleva al la esencia de la vida. Me traslada, como en las meditaciones, a verme con esas edades, y recuerdo lo hermoso. Tampoco tuve mucho malo. Esa imaginación que derrochabas sin pensar que la mitad era eso, imaginación.
Produce ganas de vivir, de sentir, y eso es lo que haces al dejarte llevar por ella.
Los primeros planos fijos consiguen que no apartes la vista. El monólogo en off dirigido a su hija Elsa me emociona profúndamente y esto lo consigues haciendo que te quedes embobá mirando el pelo movido por el aire e iluminado por el sol, entrando y saliendo de ese plano fijo. Aparte de por lo que dice y de la carita de la niña, claro.
Me gusta partícularmente el baile y la preparación de este. Como se combinan los colores y las formas.
Resulta extraño, y también de agradecer, ver una película donde solo hay buenos sentimientos. Resulta muy impactante el baile de Vanessa gracias a como está rodado, planificado, montado y la energía y fuerza que transmite ella.
Se me quedan muchas cosas, pero si sigo pensando no te envío este comentario, y creo que es lo mínimo que puedo hacer para agradecer este disfrute que me habéis proporcionado, disfrute para los sentidos,el ánima y la mente. Un abrazo muy fuerte.

Marta Bassols: Poco, más allá de que podrías hacer una película de cualquier género y el género mismo, seguiría siendo poesía futurista. Esa es tu firma de autor. El juego, el riesgo, la vuelta que va más allá, el plano corto, pero corto me refiero a por dentro. El que atraviesa. Yo me enamoré de tus pelis, porque llevo dentro una beatnik eterna ávida de aventuras de las almas y los cuerpos. de los sentidos, será. De el sufismo, será, porque me gusta el amor y el vino. Pero ahora, que me siguen galopando al trote todas las vidas que ando viviendo en universos paralelos, y que a la vez, soy madre, y soy mujer, y soy niña, me pregunto cómo consigues hacer de una historia costumbrista, que a nivel documental, podría tener tan poco interés, o podría ser tan cursi, y que podría ser tan tuya sólo, una cosa tan enorme, tan genial, tan universal y tan eterno.
Te felicito, simplemente. Porque con un uso de la cinematografía y de la música, de nuevo, ahora, tan avanzado a tu tiempo (otra característica tuya, del pasado, y sin embargo del futuro) consigues que lo que estamos viendo, no tenga un valor técnico, sino poético.
Poco que añadir, en realidad. Que te admiro. Que eres muy bueno. Y que es de lo más bonito que me ha sucedido, reconocerme a mí, y a Margot, dentro tu universo.

Juan Manuel Garcia Ferrer: (me entusiasma el final, Juan Manuel):
Iba abstraído, con lo que no me fijé en el más que seguro letrero anunciando que, debido al viento huracanado o a que un capitán no abandona el barco durante las tormentas (sus actuales y enfebrecidos rodajes), Gonzalo García Pelayo no venía a presentar, como anunciado, la sesión con el estreno de “Niñas” y el documental sobre el descubrimiento de él mismo, “Vivir en Gonzalo”.
Será por eso, será por el mismo frío viento que ha estado habiendo en Barcelona, el caso es que la sala grande de la Filmoteca no estaba lo llena que la ocasión hacía presagiar, y que la ola de simpatía que supo despertar todo su reciente ciclo apenas se apreciaba en alguna risa y unos cuantos aplausos por el final de cada film.
“Niñas” desconcierta un poco inicialmente. La película más blanca de García-Pelayo, se dice uno internamente. Casi total e inesperadamente un film familiar sin pretensiones. Pero poco a poco el gracejo del acento andaluz -en ocasiones moteado del procedente de Las Vegas- y unas cuantas de sus actrices niñas te van ganando para la causa. Ahí están -soy una inutilidad para recordar nombres- esa niña música con asombroso aspecto de concienzuda adulta, esa otra de ojos rápidamente asociados a los de Ana Torrent descubriendo mundos en una escena yo diría que hecha para recordar “El espíritu de la colmena”, la actriz de “Alegrías de Cádiz” repitiendo el divertido número que luego veremos en “Vivir Gonzalo”, o el sabio saber estar, trasmitiendo madurez, de Rosa Avila. Y unas sevillanas vistas como si fuera la primera vez, o una música inaudita, que en principio no dirías asociada a la película, te hacen preguntarte si no estarás viviendo en directo nada menos que el milagro de la vida y de la feminidad.

Un homenaje a “Le Mépris”

Juan Manuel Garcia Ferrer 12.02.2014

Por fin he visto hoy “Alegrías de Cádiz”, aprovechando que se ofrece libre hasta el 16 de febrero (http://www.margenes.org/…/gonzalo-ga…/alegrías-de-cádiz.html). La he visto sin poder apagar la sonrisa, hasta que Lucy, que “también es Cádiz”, explicando porqué para ella se acabó el mundo, me ha humedecido los ojos. Luego vuelta a la luz radiante, hasta que nuevamente, esta vez con una canción de Aruz, volvió la duda acuosa.
Contiene un magnífico casting para el papel de Pepa con cuatro chicas muy diferentes, que se resuelve en empate; bailoteos varios; algún cante; ocurrencias poéticas; títulos derivados de esa fuerza poética, que puntúan y subrayan (como este tan evocador: “Mientras mi mano toca una rodilla en un cine”); un personaje con verborrea y pasión amatoria de apisonadora y otro sembrado de dudas; un homenaje a “Le Mépris”, también junto al mar, pero con sombrero en vez de libro; conversaciones, tanteos y confesiones varias mientras se toman unas cervezas; placas y detalles de hermosos rincones de la ciudad; marea baja; besos junto al ficus centenario; la vista de la caleta salpicada de barquitas; el hermoso recuerdo de la dinámica de grupo frente al mar y, toda la parte final, una buena ensalada de chirigotas.

Walter Ruttmann hizo “Berlín, sinfonía de una ciudad” y ahora Gonzalo García Pelayo ha sacado de Cádiz, si no una sinfonía, un buen retrato, con una de sus películas más libres, diciendo que monta una ficción en ella, pero seguro mostrando sus alegrías, bulerías y todo lo que se tercie. ¡Qué bueno que ha vuelto al cine! ¡Qué andanada de aire fresco que representa!

Veinte mil semanales, Juan Manuel Garcia Ferrer

Espero que no te ofendas si digo que es de lo más cinematográfico de todo lo que he visto tuyo. Porque todo está pensado “cinematográficamente” ya desde ese magistral comienzo, que invita a seguir la narración. ¡Qué buena esa panorámica desde la cama al tablero de ajedrez! ¡Qué buenos todos esos elementos de “cine dentro del cine”: el empleo del narrador dentro del mismo cuadro; esas rendijas de la persiana que permiten hacernos ver su visión de las mujeres que acuden a su casa;… O ese maravilloso duelo de imágenes entre él y ella en la pantalla, hechos durar. Me he alargado –luego alegrado- esta mañana ante el ordenador cuando he visto que animabas con ese “son sólo 25 minutos”. Me han sabido a poco. Aunque miento: Está mejor así, sin recortes posibles, redondo. Zenquiu por el regalo.

Zenquiu, Juan Manuel.
30.08.2014