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Los Pelayos se casan en Las Vegas

En las Vegas Vanessa e Iván consiguieron sus objetivos, Iván contactar con el casino Metro Goldwyn Mayer, más conocido como MGM, con el que realizó varios viajes trayendo a turistas-jugadores a Las Vegas y Vanessa amplió su círculo de amistades y decidió quedarse a vivir en Las Vegas pero no a seguir con el juego si no dedicarse al Flamenco.

Las Vegas es muy conocida por las bodas y para no ser menos ya tres de la familia Pelayo se han casado allí, en los mismos días Vanessa y Javier, quien renovó sus votos, y su hijo Luis unos años más tarde.

Javier García-Pelayo cuenta magistralmente su llegada y boda en Las Vegas:

“Las Vegas, es una ciudad donde cada uno puede representar el papel que quiera. El casting está todavía abierto, se aceptan actores, directores, guionistas iluminadores, maquilladores, directores artísticos y muchos operarios. Es una gran superproducción, que cuenta, de momento, con un millón de habitantes-participantes. Van a verla 40 millones de espectadores al año y va a más. Como decía el dueño del Parque Jurásico; “No hemos escatimado en medios”. En pleno desierto de MOHAVE, una inmensa paellera rodeada de montañas con algunos accesos, en medio, una ciudad típica americana de casitas con jardín y garaje atravesada por la gran raya, La Strip, que es una larguísima avenida (Las Vegas Boulevard), que arranca en Freemont Street y termina, por ahora, en el Hotel Mandalay. Y sigue.

En Freemont, una calle cubierta donde cada hora hay un magnífico espectáculo de luz y sonido rock, country and western, es donde están los casinos más antiguos como el Golden Nugget con la pepita de oro más grande del mundo flanqueados por el famoso cow-boy de neón. A partir de ahí una sucesión casi interminable de gigantescos hoteles temáticos con enormes casinos rodeando los mostradores de recepción. Siete de los diez hoteles más grandes del mundo están en la Strip: MGM, VENECIA, PARIS, BELAGGIO, CAESAR PALACE, MIRAGE, NEW YORK y así una larga lista de centros de entretenimiento, cada uno con sus espectáculos y atracciones, todo rodeado de fuentes, lagos, plameras y “auténticas” junglas interconectadas entre si por pasadizos, puentes, escaleras mecánicas, cintas transportadoras y monorrailes sin conductor y así evitar en lo posible el aplastante calor del verano y las enormes distancias de esa excitante raya donde también en un largo trecho todo lo que hay son Wedding Chappels en una acera y joyerías en la de enfrente.

Enamorados como estamos y con muchas ganas de divertirnos, juntamos el hambre con las ganas de comer y el día 1 de Junio de este año 2001 nos fuimos pa Las Vegas dispuestos a casarnos de nuevo esta vez en inglés.

Haciendo escalas, con carreras, en el aeropuerto de Detroit, pasando con éxito la inmigración y siendo atendidos amable y gimnásticamente por una rebosante oficial afro-americama, conseguimos subir los últimos a nuestro avión donde creemos que ya estaban haciendo apuestas sobre si embarcaríamos o no. Nosotros habíamos apostado a que sí.

El vuelo fue nocturno y llegando pudimos comprobar que Las Vegas es la ciudad más luminosa del mundo. Empezando por un punto de luz se van aclarando los destellos y dibujándose los contornos y colores de los gigantescos edificios a los que la brillante ciudad rodea. En el aeropuerto nos esperaban Vanessa y Valentín que se iban a casar por primera vez en los próximos días y de cuya boda nosotros íbamos a ser testigos. Nuestra sobrina Vanessa lleva tres años cantando y bailando flamenco en Las Vegas y Valentín es chef de la cadena Hilton, así que dejamos las maletas en el hotel y dimos una pequeña vuelta después de veintitantas horas de vuelo transoceánico y transcontinental.

El viernes turisteamos todo el día con relativa tranquilidad y viendo el espectáculo que es la propia ciudad y por la noche cenamos donde actuaba Vanessa con uno de sus grupos donde está “Pepe el sevillano” que lleva cuarentaitantos años en América y veintitantos en Las Vegas y es “puro de oliva”. Nos sorprendió Vanessa cantando con voz profunda y cálida y disfrutamos de verla bailar con la alegría que ella lo hace. Vino a vernos y a despedirse Juan Carlos del “Clan de los Pelayos” y este año Campeón Mundial de Poker en el campeonato celebrado en Las Vegas. Se le veía a él y a su chica exultantes y felices de haberlo conseguido y más de poder haber ganado más de 3oo millones de pesetas.”….

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Los alumnos también se casan en Las Vegas

En Las Vegas, no sólo se han casado la familia sino componentes de la comunidad Pelayo, la comunidad de Los Pelayos Poker a los que Los Pelayos acompañaron en el evento llamado “Desafío Las Vegas”.

Este desafío constaba en ir un grupo de jugadores de póquer, los más avanzados o Vips, hacer una banca común y organizar el juego. Gonzalo, Óscar, Javier y Vanessa García-Pelayo organizaban el viaje. Una vez en Las Vegas Vanessa se hacía cargo de la banca, de las cuentas y del reporte diario en la web para todos los seguidores que, desde España, estaban  muy atentos de la evolución del “Desafío”. Gonzalo y Oscar junto con los profesores Christian, Luis (también García-Pelayo) y Jeri Iglesias organizaban quién jugaba, en qué casinos y en qué límites. Como os podréis imaginar la experiencia vital que vivían todos Los Pelayos, los alumnos se hacían llamar Pelayos también, era y fue, un hito en las vidas de todos los componentes.

Pues bien, se hicieron tres “Desafío Las Vegas” con 12, 15 y 21 participantes respectivamente, algunos repitieron. Guiados por la familia conocieron Las Vegas con sus casinos Bellagio, Mirage, The Venetian, MGM, Wynn y Caesars Palace, que era donde se jugaba, y se ganaba. Además conocieron sus restaurantes-bufetes, conocieron también sus alrededores como El Gran Cañón, El Valle de Fuego, El Valle de la Muerte, sus espectáculos como “LOVE”, “O”, “Ka” del Circo del Sol, sus discotecas…todo lo que quisieron y, que les daba tiempo, ya que se jugaba al póquer al menos 8 horas diarias. Y sí, en dos de los tres viajes, tuvimos boda.

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Lo que pasa en Las Vegas se queda en Las Vegas

Se dice que “lo que pasa en Las Vegas se queda en Las Vegas”. Los Pelayos siempre han querido contarlo todo, por eso cada vez que un programa de televisión quiere desplazarse a Las Vegas contacta con ellos. Cuando Juan Carlos Mortensen se proclamó Campeón del Mundo de póquer, el programa Documentos TV viajó a Las Vegas junto con Gonzalo y Óscar García-Pelayo para entrevistar a Juan Carlos y visitar a Vanessa, la cual ya vivía en Las Vegas y mantenía buena amistad con Juan Carlos. En este enlace podéis ver el documental “Vidas sobre el tapete” . Ese viaje,  por cierto, fue el pistoletazo de salida en la vida profesional como jugador de póquer de Óscar.

 

 

Javier Sardá quiso ser testigo del primer “Desafío Las Vegas” en su programa “Dutty Free” así que se trasladaron a Las Vegas con la intención de rodar a Gonzalo y el equipo de jugadores.

 

 

Canal Sur en su programa “Andaluces por el mundo”  contacta con Javier García-Pelayo para coincidir con él en Las Vegas y les guíe.

 


Por último y quizás el más importante Gonzalo e Iván nos cuentan la aventura en el documental “The Roulette Assault” que llevó a cabo en 2004 la prestigiosa History Channel para Estados Unidos y con distribución mundial dentro de una serie “Breaking Vegas” sobre los trece mejores jugadores del mundo (los doce restantes eran americanos). En esto enlaces  podéis ver el documental.

 

Juan Carlos Mortensen Capeón del Mundo de Póquer

“…y ganó trescientos millones de pesetas y el título de campeón del mundo  más joven de la historia del póquer…”

Seguimos contándoos anécdotas y aventuras de Los Pelayos, esta vez en el mundo del póquer.

Gonzalo relata así, en el libro, su relación con Juan Carlos Mortensen “…Juan Carlos no fue propiamente un Pelayo. No pertenecía a la flotilla y ni siquiera lo conocía en nuestra intensa época ruletera, pero desde que apareció formábamos una especie de equipo tanto en el local de póquer de la calle Montera como en los demás sitios de Madrid. De todas las que conozco, es la persona que más se interesaba por el juego de manera abstracta. Ya jugaba muy bien al billar, y sobre todo al ajedrez, cuando empezó a estudiar el póquer. Hace muy poco estuvimos charlando en mi casa de Madrid, empezado ya este libro, de cuestiones teóricas, siempre relacionadas con el juego. En diferentes momentos Cecilia, él y yo hemos jugado en las mismas salas, no en las mismas mesas, de Las Vegas, Los Ángeles o en varios casinos ribereños al Mississippi. Por todo eso, cuando vi que eliminaba a todos los jugadores y se quedaba mano a mano con un conocido profesional americano al que doblaba en cantidad de fichas, me sentí como cuando iba en volandas por las calles de Nueva Orleans tras conocer que la flotilla había desbancado al casino de Viena sin mi participación…”

“…Cuando analizamos la jugada meses después, ya en España, vimos que era correcto incluso suponiéndole  al rival la mejor jugada, pareja de ases (era lo que llevaba), las posibilidades estaban a la par y además a Mortensen le sobraban fichas. Era como un cara o cruz. Después de una carta neutra (un ladrillo), salió un nueve de diamantes en el último lugar, ligó la escalera —su única jugada en toda la noche— y ganó trescientos millones de pesetas y el título de campeón del mundo  más joven de la historia del póquer…”

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En este enlace podéis ver la Mano en la Final Word Series Of Poker 2001 momento en el que Juan Carlos Mortensen se proclama Campeón.

Mortensen aprendió en un garito

Me acabo de encontrar con este artículo de El Mundo que mi buen amigo Luis Mazarrasa escribió cuando Juan Carlos Mortensen ganó el campeonato de póquer del mundo, Word Series of Poker, en 2001. En él cuenta dónde aprendió Juan Carlos, pero eso ya lo sabemos todos, lo que me gusta del artículo es que nos cuenta cómo era el Club Montera, los personajes que lo frecuentaban y cuando vino la policía a visitarnos. Luis lo vivió ya que se inició en el póquer conmigo y venía sobre todo a empaparse del ambiente.

http://www.elmundo.es/cronica/2001/CR293/CR293-04.html

Resalto algunas, pero el artículo entero está lleno, merece la pena leerlo:

“En la mesa a la que se sumó Mortensen también jugaban el Rafa y otro colega, dos tipos que a veces se levantaban en plena partida porque calculaban que una determinada máquina tragaperras, en un bar de un barrio lejano, ya estaba caliente, es decir, a punto de dar el premio. A las pocas horas volvían, y si lo traían se lo jugaban al Texas.”

“Alguna vez la partida se vio abruptamente interrumpida por la llegada de la Brigada del Juego. Como aquella noche que todos recuerdan y en que se jugaban cantidades irrisorias (había 10 contendientes y cada uno había cambiado 8.000 pesetas en fichas).Se trataba de pasar un buen rato sin correr riesgos. La policía, aprovechando la llegada de un cliente pues no se abría la puerta sin mirar la cámara del telefonillo, irrumpió de golpe, puso una denuncia a los organizadores de la partida por infracción fiscal y se llevó la mesa, el fichero y las 80.000 pesetas.

Mientras se procedía a los trámites de identificación de los jugadores, uno de ellos, Carlos el sordo, se despojó de sus zapatos y el potente sonotone y echó una cabezada en un sofá cercano: casi todos los jugadores de la mesa eran veteranos en los tratos con la Brigada del Juego o con otros polis (Paco, el Reventa, faltaba algunas noches a la partida porque lo habían pillado con las entradas a la puerta de Las Ventas).”

“En casas como ésas también ha entrado la policía en repetidas ocasiones. Mientras requisan mesas, ficheros, pero rara vez el dinero, puesto que por experiencia se sabe que no hay que dejarlo a la vista, identifican a los jugadores. Las anécdotas son interminables.«Espere un poco que me termine el solomillo, no se me vaya a cortar la digestión», respondía uno de los tahúres habituales al agente que le pedía el DNI en plena cena, durante una de las batidas. Nadie perdió la sangre fría ni el sentido del humor, es claro.”

Foto con Luis Mazarrasa unos años después en la presentación del libro “Aprende a jugar al póquer con Los Pelayos”

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Comienza la aventura de Los Pelayos en el Póquer.

Comienza la aventura de Los Pelayos en el Póquer.

“…Después de la desilusión que nos produjo el black jack en nuestra primera incursión  en el mítico mundo  del naipe, la flotilla miraba con desconfianza hasta la Carta Magna.

Aun así, unos años más tarde, cuando nuestra actividad en la ruleta se vio obligada a reducirse dada la presión de los casinos, no faltaron fuerzas para adentrarnos en nuevos negocios en torno al mundo  de las cartas…”

Mientras que en el último intento ruletero en Las Vegas, algunos miembros de la flotilla luchaban contra el doble cero y se disfrazaban para pasar inadvertidos, Gonzalo se dedicó exclusivamente a conocer el póquer que allí se jugaba.

“…Póquer se había jugado siempre en nuestro país, pero en su versión «descubierta»,  que es la única que permite practicarlo como juego social donde pueden apostar hasta diez jugadores. Nuestro póquer, conocido con el nombre de chiribito, era una versión siniestra del original americano, y parece que fue introducido desde círculos recreativos militares en la época de la dictadura. No se permitía pensar y había que decidir las apuestas de inmediato, con el fin de convertirlo en una lotería. Creyendo yo que el póquer  es el juego de mayor calado intelectual después del ajedrez, me parecía que nuestra versión castellanomanchega reflejaba claramente nuestra rancia idiosincrasia…”

“… La modalidad de póquer que más se juega en América, con la que se disputa su mítico campeonato mundial, es la conocida como «Texas». Éste es un póquer abierto, con una amplia base combinativa en que el jugador entra o sale cuando le parece, por supuesto piensa lo que le apetece y además, en su versión de diario en los casinos, está reglamentado  con apuestas limitadas, es decir, uno sabe siempre lo máximo que puede perder en cada jugada y por tanto es imposible apostar la casa o la mujer, como es fama que ocurría en tradicionales partidas españolas de tierra adentro…”

Una vez que los miembros de la flotilla terminan y vuelven para Madrid, Gonzalo junto a su mujer, su hija Vanessa y su hijo pequeño Pablo deciden cruzarse Estados Unidos desde Las Vegas a Filadelfía parando en todos los estados donde el juego estuviera permitido para seguir probando y aprendiendo.

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¡En busca de póquer!

¡En busca de póquer!

Decidieron pues, que la vuelta a Madrid desde Las Vegas, sería en coche hasta Filadelfia donde cogerían el avión para Madrid.

Todos, pero sobre todo Pablo, que tenía tres años, pasaron muchas horas en el coche, Gonzalo para calmar a Pablo le comentaba que cruzarían el río Mississippi, que era un río muy grande y que le gustaría mucho…al cabo de tres días de coche Pablo comentó “¡Ofú que lejos está el Mizizipi este!”.

Efectivamente después de pasar por Albuquerque, Santa Fe, Amarillo, Texas, hay un jugador, leyenda del póquer, que se llama “Amarillo Slim”. Entraron en Oklahoma City, Arkansas y por fin el estado de Mississipi donde pasarían un par de días en Túnica, pequeño pueblo al lado del río, enclave de unos 5 ó 6 casinos.

Allí Gonzalo se dio cuenta de que era El Mardi Grass en Nueva Orleans y decidieron desviarse al sur y no perderse la oportunidad de disfrutar de tan maravilloso carnaval donde, por cierto, también hay casinos y donde no perdió la oportunidad de jugar al póquer.

Después de disfrutar de otro par de días de carnaval siguieron camino a Biloxi, Mississippi ciudad con grandes playas y grandes casinos. Se vieron cerca de Atlanta, Georgia  y dejaron que la música los llevase a ver Graceland en Menphis y Nashville en el estado de Tennesse, donde entregaron el disco de Iván García-Pelayo. Siguieron al norte por Saint Louis, Missouri, Cleveland, Ohio, Virginia, Maryland y finalmente Filadelfia donde embarcaron hacia Madrid.

Las ganancias en el póquer no fueron grandes, incluso hubo días de grandes pérdidas y muchas horas de juego, pero el estudio y la experiencia desembocaron en el inicio de una nueva etapa de Los Pelayos, en palabras de Gonzalo: “…El caso fue que, a la vuelta de América, ya en Madrid me asocié con aquel escritor y gran amigo llamado Enrique Portal. Ambos jugábamos al ajedrez con Juan, joven abogado que nos asesoró en el sentido de que, teniendo los casinos vedado este juego, montar  un garito privado de póquer  no era legal pero tampoco contrario a ninguna ley. Me encontré así delante de una de las palabras que más han sintonizado con mi carácter desde que llegué a la edad adulta: alegal…”

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Los Pelayos traen el Holdem´a España

“…Total, que cometimos el acierto de montar una casa de póquer Texas en la calle Montera de Madrid…”

“…Ser básicamente alegal todavía me entusiasma. Se trata de habitar en una zona que se sitúa en el limbo, que la razón humana no ha previsto y donde  no llega la ley ni la prohibición. Morando en ella se consigue, en las sociedades democráticas, que poco a poco el manto del derecho se alargue con necesarios retales que cubran la despoblada región…”

Con estos párrafos de “La fabulosa historia de Los Pelayos”, Gonzalo nos cuenta el ambiente de aquel club:

“…Por allí venía algún tenor, un pintor, presentadoras  de televisión y periodistas de suplementos dominicales que, junto con un literato como Enrique, formaban un colectivo de sistemáticos perdedores ante otro grupo integrado por antiguos crupieres, jugadores de ajedrez y revendedores  de entradas de espectáculos taurinos, que eran habituales ganadores. Yo era amigo de todos y apreciaba sus trayectorias, pero decantaba siempre mi admiración  hacia la función social insustituible  de la reventa…”

“…Los que gustan de cambiar las ces por las kas carecen de estas cualidades al ser personas más dubitativas, egocéntricas y maníacas. La mezcla de racionalidad e imaginación, y una continua atención a las acciones del otro —olvidándose casi de uno mismo—, hace que el perfil más adecuado de un jugador sea el torero, el boxeador, el que lleva un tipo de vida surfista y el ya mencionado profesional de la reventa…”

“… En todos los círculos especializados suele crearse un lenguaje propio que, por supuesto, era inevitable en el mundo del póquer. A los jugadores habituales se les llamaba «jugativos». Cuando Mariela metía y todo el mundo le iba (sabían que Mariela atacaba con cualquier cosa), ella exclamaba castizamente: « ¡Me bajan de los pueblos!» observando cómo todos venían a su encuentro. Por el contrario, cuando era ella la que salía al paso del reto de cualquier jugador solía hacerlo al grito taurino de: « ¡Acudo al engaño!»…”

“…Esta fase ya no pudo ser compartida con la flotilla, pero mis hijos me ayudaron en ella de manera considerable porque aunque no jugaran, estuvieron organizando todo el asunto y convirtiéndose ellos mismos en crupieres de póquer, profesión donde Vanessa destacó sobremanera, siendo muy querida por los jugadores madrileños que lamentaron su marcha al mundo del flamenco (que le gustaba mucho más), donde lleva bailando hace más de nueve años. Iván también estuvo de crupier durante un tiempo. No atendía mucho al juego y se notaba su falta de aprecio por la mayoría de los jugadores, que no se sentían cómodos con él, sobre todo si lo comparaban con su hermana. Además, no comprendían cómo se pasaba los ratos entre partida y partida estudiando historia, que era la segunda carrera que se propuso hacer después de terminar filosofía. Mientras él se preocupaba por la causa y el efecto, su hermana lo hacía por la causa y el afecto…”

Por cierto, Gonzalo registró bajo su nombre El Póquer Holdem Texas Limit en España.

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El póquer en el cine 1ª parte

El póquer en el cine 1

Artículo que escribí para la revista Kane 3, Enero de 2006

Si el cine es emoción, como proclamaba Samuel Fuller en “Pierrot le fou”, el póquer debe ser algo muy cinematográfico. La cuestión es que el cine también es construcción dramática expandida en el tiempo y eso ya no casa tan exactamente con ningún tipo de juego. Por eso no hay grandes películas sobre el ajedrez, ni el fútbol, póquer o baloncesto. En el juego la emoción es sólo el resplandor de un momento rodeado de abundantes ocasiones de  aburrimiento o rutina y nada de eso puede, ni debe, ser llevado al cine ni a ningún otro arte narrativo con la excepción de ciertas novelas del pasado siglo.

El juego tiene algo que puede ser comparado con el buen cine como es el diseño de buenos personajes que reaccionan de manera peculiar en situaciones límites. Por eso cuando una película sobre juego, sobre póquer, cuenta con esos personajes, encuentra mucha mayor repercusión gracias a este elemento clásico del estilo cinematográfico que por la emoción desprendida del puro juego.

Parece que eso es lo que ocurre  con “El rey del juego” y con “Rounders” que son, de lejos, los mejores ejemplos de cine sobre póquer. La primera la dirigió Norman Jewison aunque parece que fue empezada por Sam Peckinpah. La segunda es de John Dahl, que algo antes había hecho “La última seducción”,  estupendo cine negro.

Me hubiera gustado que John Huston hubiera hecho una película de póquer sobre algún cuento de Hemingway, pero a ninguno de los dos se le ocurrió hacerlo. No conozco relato de Raymond Chandler que trate sobre el juego y es una pena porque su estilo y el de sus personajes son los que más hubieran reflejado los elementos intrínsecos del póquer.

Así que voy al Imdb, en Internet, y tecleo póquer (poker) en la casilla de búsqueda por palabras claves de los argumentos (plots). Me sale una buena lista. Veo que están “Maverick”, “El asesinato de un corredor de apuestas chino” (yo conozco a uno que es de Galapagar)  y también la excelente “Casa de juegos” de David Mamet que sería mi favorita si su tema central fuese el póquer. Como no es así me centro en las dos mencionadas más arriba. Curiosamente vienen juntas y cuando miro ambas veo con sorpresa que tienen un improbable empate a 7.2 sobre 10 en el gusto del público que ha escrito sobre ellas y que es diez veces más numeroso en la película más moderna.

Hoy en día el mundo anglosajón está lleno de jugadores de póquer que comentan algo displicentemente el tratamiento que este juego recibe en la película interpretada por Steve Mcqueen. No hay duda que en cuanto a tratamiento real del juego “Rounders” es muy superior. Sus jugadas son reales, con vicisitudes que nos ocurren todos los días a los jugadores sistemáticos y que nada tienen que ver con las estereotipadas situaciones que nos plantea el “Cincinatti kid”, título original de “El rey del juego”. Entonces, 1.965, sólo se jugaba al five cards stud (el cincinatti lo llamábamos en España) que posteriormente evolucionó al seven cards stud y de allí al texas hold´em que es el actual que ha provocado una fiebre sin precedentes en la historia del póquer y al que yo le dedico cuatro horas diarias jugando simultáneamente cinco mesas en Internet.

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El póquer en el cine 2ª parte

El póquer en el cine 2º parte

Artículo que escribí para la revista Kane 3, Enero de 2006

… Muchísimo menos se jugaba hace cuarenta años y por eso los guionistas no tenían reparos en mostrar una tópica e improbable mano de póquer (cuatro cartas iguales) contra escalera de color (a mí sólo me ha ocurrido una vez en los dos millones de manos que  llevo jugadas).

Si en cuanto al tratamiento del juego en Cincinatti es muy inferior, no lo es en cuanto al diseño de los personajes, atmósfera, localizaciones (Nueva Orleáns) etc, que son, todos, elementos más importantes a tener en cuenta en una buena película que el propio juego de la que ésta trata. “Rounders” tiene una buena caracterización sobre todo en el personaje que interpreta John Malkovich pero es más rutinaria en el resto de los elementos fílmicos centrándose preferentemente en las cuestiones del propio póquer que la hace ser favorita de los jugadores pero quizás no del gran público al que le llegó mucho más “El rey del juego”.

En ambas está el vértigo que producen los personajes enfrentados a situaciones tan abstractas como las que se derivan del juego. En ambas vemos a éste como metáfora de la misma vida: todo lo que ocurre en el póquer es una transposición casi literal de los argumentos que se desarrollan en la vida. “En el juego de la vida hay que jugar las cartas que te llegan” dicen en “Rounders”. Supongo que se refiere a que muchísimas veces hay que jugar sin ninguna esperanza de tener escalera de color.

Siempre que  estudio las manos de mi hijo Oscar  hago ver a los amigos, a los que se las mando por email, que las enseñanzas que de ellas se sacan no es a ganar con full (eso lo hacen todos) sino a saber tirar una mano que parece muy buena (pareja de ases con un rey de acompañante) porque Oscar está seguro de que ahora está perdido contra una escalera y que jugar bien al póquer es sobre todo saber cuándo hay que tirar estas cartas, cosa que nadie de nuestros rivales hace. Entonces estoy más cerca de “Rounders”, con la realidad sorda, subterránea de jugar lo mejor posible las cartas que te dan. Entender esa jugada es entender el póquer y quizás entender la vida que normalmente no se explica con carteles luminosos llenos de escaleras de colores, que es el defecto del “Rey del juego”.

Pero cuando veo el aplomo que el dominio de este juego está produciendo en la personalidad de Oscar, entonces pienso en el Steve Mcqueen o incluso en el Edward G. Robinson  del film de Cincinatti y Nueva Orleáns: de cada película, sus mejores cosas.

Cuando vi “Rounders” por primera vez tuve la extraña sensación de sentir la historia como algo conocido.

El personaje de Matt Damon me recordaba a Juan Carlos Mortensen a quien yo enseñé a jugar al póquer y que estuvo buscando por Madrid la manera de encontrar el dinero que le permitiera jugar su primer mundial en Las Vegas. Esa intriga, que es la base de la película, se desarrolló de una manera más plácida en el caso de Juan Carlos ya que conseguí concertar con un grupo de amigos una banca suficiente para que “el niño” (así lo llamaban entonces) pudiera representarnos a todos en el torneo. En la película, a Damon le cuesta bastante más hacerse con esa banca y todo parecía como el mundo al revés: más difícil en Nueva York que en Madrid. Cuando al final de la película la cumbre dramática se cierra con su salida para Las Vegas a donde va como uno de los seiscientos más de aquellos años (seis mil participantes fueron el año pasado), también tuve la sensación de superar con nuestra historia el ambiente siempre irreal de una ficción cinematográfica: Damon triunfa simplemente porque consigue ir a jugar el Mundial, Juan Carlos también consigue ir a Las Vegas…y lo gana. Por una vez sentí que todavía el cine podía exagerar la ficción para parecerse a la vida, a nuestra vida.

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