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Cómo distribuir siete cineastas en un espacio

Gonzalo García Pelayo 09.05.2014

“Que sean Cádiz” y estar entre 21 y 40 años las condiciones del casting que hace un año hacíamos para buscar a las actrices de Alegrías de Cadiz. En el blog de Luis García Gil, Los oficios del diletante, está una larga entrevista (40 minutos, sólo para gente muy interesada y miembros del equipo de la película) http://luisgarciagil.blogspot.com.es/search… que hacíamos él y yo en la mitad del casting (ya habíamos rodado a Beatriz Torres Rivero, iban a empezar Revuelo etc) antes de empezar el rodaje. La foto de Rubén García López, de exacta composición (cómo distribuir siete cineastas en un espacio), es de ese mismo día. Hablamos de intenciones, algunas no realizadas, otras sí.

Siete cineastas en Alegrias de Cádiz de Gonzalo García Pelayo

Jean Narboni en el Jeu de Paume

Gonzalo García Pelayo 01.04.2014

Jean Narboni y Gonzalo García Pelayo en el Jeu de Paume

Hoy se proyecta “Vivir en Sevilla” en París (Jeu de Paume a las 19.00). Esta foto está tomada al final del pase de la semana anterior. En ella estoy con Jean Narboni, que todos consideramos como el crítico de cine número uno del mundo. Me impresionó conocerlo, me dijo que le había gustado mucho, intervino al día siguiente en el coloquio de “Frente al mar” (encontró similitudes con Monteiro) y parece que fue Alegrías de Cadiz la que más le gustó (me dijo y parece que lo dijo a amigos). Es como el papa del cine, según dice Álvaro Arroba y su palabra no se discute (tiene ahora 76 años). Fue redactor jefe de Cahiers du cinema cuando yo aprendía cine en París, antes del 68. Actor con Godard, tiene un libro con él, un documental con él y ha sido profesor de cine en la Universidad de París. Me aseguró que verá la presentación de Paulino Viota de “Manuela”, la película y las obras del gran cineasta cántabro este fin de semana próximo. Espero que sus opiniones hablen excátedra. Mirad lo que habla de él Wikipedia:
http://fr.wikipedia.org/wiki/Jean_Narboni

La alegría sin el contrapunto de la tragedia

Escena de los camarones Alegrías de Cádiz de Gonzalo García Pelayo

La alegría sin el contrapunto de la tragedia. Una lección de optimismo pagano que se convierte en Ovni en 2014, donde el erotismo no tiene ninguna culpabilidad.
El 18 de este mes empieza el ciclo de las películas en el Jeu de Paume (me impresiona su dirección postal: Plaza de la Concordia nº 1).https://www.facebook.com/events/216775921841176/?fref=ts Muy bien organizado, han hecho pases para prensa y ya tenemos una agudísima crítica francesa de Alegrías de Cadizhttp://www.theartchemists.com/alegrias-de-cadiz-gonzalo-garcia-pelayo-lallegresse-sans-le-contrepoint-de-la-tragedie/
Hablan de la “joie de vivre” que ellos aprecian tanto y después de una detallada biografía donde ponen en primer plano la importancia que han tenido Pedro Romero o Álvaro Arroba para la realización del ciclo entran en el análisis de la película (me gusta lo que hablan de las voces y el tratamiento extraterrestre que nos vuelven a dar, como hicieron en Viena) que traduzco:
Hemos podido ver en preestreno el producto de la vuelta de este hombre célebre y cineasta desconocido hasta aquí. Nos ha seducido por su alegría de vivir, su frescura, su gusto por la improvisación, incluso del bricolaje. Es un film musical y una declaración de amor a la ciudad andaluza, sus calles y callejas, sus bares, sus parques, sus playas, sus hermosas mujeres. Su arte de vivir y su arte sin adjetivos: el estilo flamenco típico de Cádiz que se llama efectivamente “alegrías”, poema cantado compuesto por octosílabos y de las que una de su más conocidas, “Tiriti, tiriti, tran tran” resuena en sus créditos sobre un fondo de techos en terrazas de un blanco incandescente y de cielo azul. A lo lejos, la mar.
La trama narrativa, muy simple(tres/cuatro parejas de jóvenes se hacen y se deshacen) es constantemente interrumpida por numerosas escenas ya sean improvisadas, ya sean filmadas en el Carnaval, como esa irresistible chirigota de amas de casa, interpretada por hombres. Los textos, rítmicos, de una sorprendente inventiva sonora y verbal, son cantados o dichos. Algunos protagonistas, como el poeta-boxeador, (uno de los hijos de Pelayo, ya que el film es también un asunto de familia) se expresan en verso, mientras que otros, como el cantautor Fernando Arduán, que interpreta su propio personaje, canta dos veces su éxito Pepa). Los discursos se cabalgan, se sobreponen, son sustituidos por un texto en off. Es una fiesta del verbo y de la voz.
Pepa es la heroína de la película. El papel es interpretado por cuatro chicas diferentes, precioso guiño a Ese Obscuro objeto del deseo (antes de los créditos nos las presentan en el casting).
Pepa es también el nombre de la constitución Española del 1812, promulgada por Cádiz, el día de San José, durante la guerra de independencia contra Napoleón. La carta Magna de la resistencia , como el carnaval, donde el pueblo puede hablar a los poderosos. Es el espíritu frondoso que anima Alegrías de Cádiz, una película como el mundo al revés, donde nadie trabaja, todo el mundo juega (con las mascaras, con las palabras) donde el erotismo no tiene ninguna culpabilidad. Sin iglesia, sin cura, sin indignados. Sin la sombra de un estatua de mandatarios: la alegría sin el contrapunto de la tragedia. Una lección de optimismo pagano que se convierte en Ovni en 2014.

La película, la delicatessen

Gonzalo García Pelayo 06.03.2014

Delicatessen Alegrais de Cádiz de Gonzalo García Pelayo

La película es la de Scorsese, la delicatessen es Alegrías de Cadiz. Acompañantes de prestigio (¿de calidad?) en esta página de escenas motivantes en la revista en papel de Fotogramas de marzo:
“El retorno a la realización de Gonzalo García-Pelayo (autor de Corridas de alegrías) está lleno de sensualidad. Y es un homenaje a la mujer, como Patricia Galindo, en la imagen, con el protagonista del film, Jeri Iglesias”
comentario amigo (¿Pere Vall?) Por cierto la imagen de DiCaprio recuerda algo a la de nuestros capirotes de camarones, con más malage.

Nueva crítica de Alegrías….

Nueva buena crítica de Alegrías:
El descubrimiento internacional de la obra cinematográfica de Gonzalo García Pelayo en la Viennale 2013, con nuevos admiradores tan prestigiosos como Francisco Ferreira, Olaf Möller o Boris Nelepo, tuvo como punto álgido la presentación de un nuevo largometraje, el primero desde 1982. El mismo Gonzalo, durante los días de noviembre de 2012 en los que la Filmoteca de Cantabria recuperó sus cinco extraordinarias primeras obras, nos anunció un rodaje que, convocaría el trabajo de varios cineastas y críticos (cuyos frutos esperamos poder ver pronto), y si algo sorprende, de entrada, es la fidelidad del resultado a aquellas primeras descripciones, lo que confirma (más allá de la desbordante personalidad de su cine) que en sus películas el cálculo y la organización estructural del contrapunto tienen el mismo peso que el azar. Más allá de que pueda leerse como una relectura de la inolvidable “Vivir en Sevilla” (con la emocionante revelación de un Jeri Iglesias que revive a su padre Miguel Ángel con personalidad propia), veo en Alegrías de Cadiz una obra puramente musical que la enlaza directamente con “Rocío y José”. Pues la narración (y hay un obvio componente literario) parece diluirse poco a poco en la música, allí las sevillanas rocieras y aquí las chirigotas. Pero también se mira (explícitamente en una escena) a “Frente al mar”, película única, entre otras cosas, por su alternancia entre la palabra y el sexo. El resultado ha sembrado la polémica, pero (al margen de que el digital no haga justicia muchas veces al talento para la composición del encuadre de su firmante) a nosotros se nos antoja vivo y feliz.
JOSÉ LUIS TORRELAVEGA.
Crítica publicada este mes en Ruta 66 – Tiempos de Rock & Roll por José Luis que pelea las películas en la Filmoteca De Cantabria Cine Club.
Me gusta mucho el comentario, sobre todo las dos acertadas referencias a “Vivir en Sevilla” y “Rocío y José”.

El coño de Cádiz

Alegrias de cádiz el Coño de Cádiz de Gonzalo García Pelayo

Salva Moreno Peralta es amigo, arquitecto y urbanista. Vino a Cádiz desde su Málaga para el estreno de la película que hoy cierra el ciclo de la Filmoteca española. Este artículo suyo me entusiasma:
EL COÑO DE CÁDIZ (en cada ciudad hay un jardín que lo parece)
“Alegrías de Cádiz” arranca con un travelling de 360º desde la torre de Tavira con el fondo de una anécdota descacharrante de Chano Lobato. No hace ni cinco horas que yo mismo estaba haciendo ese travelling en vivo, lo que me produce una cierta sensación de que el tiempo esta vez ha ido para atrás. Escribo ahora de memoria, antes de volver a ver la película. No siempre la primera impresión es la que vale, pero que le digan eso a Debussy o a Manet. Quedo con Gonzalo y Carmen en la plaza de Mina, y allí me presenta a un amigo poeta, Luis García Gil, de esos candidatos a amigo para toda la vida. La Plaza de Mina, ahora, por la noche, es otra. Atmósfera de kermesse y, hablando de impresiones, podría ser Le Moulin de la Gallette de Renoir.
El arte es expresión, impresión y forma de conocimiento. Ello comporta un artificio; realmente tienen gramaticalmente la misma raíz. La construcción de una obra artística es importante, sí. Necesitamos saberla para aprender la “techné” de los griegos. Pero lo que legitima a fin de cuentas la obra es lo que transmita. Hay sonetos impecablemente estructurados que no transmiten nada. Una deformación del sujeto es estar continuamente escrutando la técnica, la “estructura” de la obra, no tanto para sentir lo que dice, sino para reafirmarse a sí mismo en el hecho de “haberla entendido” de lo cual, a su vez, se derivan dos consecuencias: que uno pertenece al club de los perspicaces y que la obra es buena (por eso, porque la ha entendido). Es una ceremonia de reafirmación en la que ha desaparecido la actitud desprejuiciada de quien tiene el valor y la inteligencia suficiente para “dejarse llevar”. Es como si tuviera la necesidad imperiosa de reconstruir impostadamente los propósitos del autor llevándose la obra a los terrenos de su comprensión, para podérsela explicar razonadamente al vecino. Cuántas veces los autores se han quedado atónitos ante las inusitadas interpretaciones de sus críticos.
“Alegrías de Cádiz” es una película coral, inclasificable, entre el documento y el argumento, utilizando todos los recursos de uno y de otro para transmitir la inefable esencia de una ciudad. Esta película es Cádiz, y además Cádiz es mujer. Y carnaval, y chirigotas, y su urbanismo, y sus tipos, sus cantaores, sus ancianas diosas de sabiduría ancestral. Muchas películas han querido convertir a las ciudades en protagonistas. Algunas la han conseguido, casi siempre como un trasfondo activo, del cual los personajes son hijos o productos. La ciudad en sus personajes, en sus calles, en sus tugurios, en sus luces, siempre en sus luces. El Cádiz de Gonzalo es una especie de “making of” del “making of” del “making of” de una película que no acaba de hacerse- Pepa- porque las ciudades, salvo las ruinas de imperios pasados, no se acaban nunca y se hacen todos los días. ¿Guión? Sí, de vez en cuando Gonzalo interviene para parar el viento que agita las páginas de ese libro abierto que es la película. Pero el verdadero guión son unas mujeres hablando a su aire a partir de algo que les han hecho decir, transformado por su habla peculiar y torrencial (“torrencial”, como la película), por su forma libérrima de ver la vida, por su enorme poderío de hembra tartésica, diosa atávica que necesita preñarse de todas las facetas de la masculinidad para parir un ser acorde con el exigente espíritu de una ciudad incubada en mil culturas. La película fascina porque lo que transmite- sea por el procedimiento que sea- es auténtico; pero al tiempo desasosiega, porque, como ocurre en todas las películas de Gonzalo, al espectador se le vierte encima tantas dosis de libertad que necesita una entrega y una aceptación total. Es la libertad de su gente, la libertad de sus chirigotas, esas chirigotas cuyas letras siempre, siempre, han caído del lado de la libertad, del progreso, de las virtudes cívicas…¿sería mucho atrevimiento decir que esas chirigotas son pura Ilustración con vitriolo y trompetilla?.
Muchos espectadores pueden sentirse intelectualmente cómplices con esa libertad, pero la propuesta conmina a vivirla, y eso es ya más complicado. Y es que la propuesta de Gonzalo no ha sido disfrutar de una hora y cuarto de ficción, sino de una intensiva dosis de realidad, hechizante, comprometedora, optimista, intimidatoria… o sea, que uno tiene que estar suficientemente preparado para salir del cine “preñado de Cádiz”, como resume gloriosamente al final una de sus “pepas”, una de sus bellas sacerdotisas de esa religión antigua que tiene su Vaticano en la plaza de Mina. O su coño.
Salva MORENO PERALTA

Un homenaje a “Le Mépris”

Juan Manuel Garcia Ferrer 12.02.2014

Por fin he visto hoy “Alegrías de Cádiz”, aprovechando que se ofrece libre hasta el 16 de febrero (http://www.margenes.org/…/gonzalo-ga…/alegrías-de-cádiz.html). La he visto sin poder apagar la sonrisa, hasta que Lucy, que “también es Cádiz”, explicando porqué para ella se acabó el mundo, me ha humedecido los ojos. Luego vuelta a la luz radiante, hasta que nuevamente, esta vez con una canción de Aruz, volvió la duda acuosa.
Contiene un magnífico casting para el papel de Pepa con cuatro chicas muy diferentes, que se resuelve en empate; bailoteos varios; algún cante; ocurrencias poéticas; títulos derivados de esa fuerza poética, que puntúan y subrayan (como este tan evocador: “Mientras mi mano toca una rodilla en un cine”); un personaje con verborrea y pasión amatoria de apisonadora y otro sembrado de dudas; un homenaje a “Le Mépris”, también junto al mar, pero con sombrero en vez de libro; conversaciones, tanteos y confesiones varias mientras se toman unas cervezas; placas y detalles de hermosos rincones de la ciudad; marea baja; besos junto al ficus centenario; la vista de la caleta salpicada de barquitas; el hermoso recuerdo de la dinámica de grupo frente al mar y, toda la parte final, una buena ensalada de chirigotas.

Walter Ruttmann hizo “Berlín, sinfonía de una ciudad” y ahora Gonzalo García Pelayo ha sacado de Cádiz, si no una sinfonía, un buen retrato, con una de sus películas más libres, diciendo que monta una ficción en ella, pero seguro mostrando sus alegrías, bulerías y todo lo que se tercie. ¡Qué bueno que ha vuelto al cine! ¡Qué andanada de aire fresco que representa!

Riesgo, pasión y libertad

Gonzalo García Pelayo  10.02.2014

Cantemos como quien respira

Fernando Gonzalez Lucini estuvo ayer en la filmoteca y se le ocurrió crear esta magnífica obra gráfica que siento que expresa las intenciones de la película.
(La repetimos el 19 y ahora en interenet en Márgenes. Cine español al margen)(En la cinta todo se canta en español y tiene cojones que después de pelear desde Triana por que se haga una música española nos gane en los metros finales de la carrera una canción en inglés en los premios al cine español. Vosotros sí que sois la anticultura, burros). (Me permito decir todo esto ya que somos riesgo, pasión y libertad)

No quiero saber perder. No cuando nos gana una canción de mierda cantada en inglés. Yo me voy a cagar en la puta madre de los académicos que han votado eso en nombre de la cultura. Burros, que hacéis el peor cine de Europa, que los portugueses os están dando una paliza en todos los festivales, hijos bastardos de la nefasta Pilar Miró, que no tenéis detrás ni a la crítica, ni al público que os huye despavorido. No se si digo esto en nombre de la poética de la cotidianidad o del riesgo, la pasión y de la libertad que creeis tener en exclusiva como buenos aspirantes a fascistas. Cabrones.
Bueno, me tranqulizo, que me riñe mi cardiólogo: mirad el blog de Fernando Gonzalez Lucini
http://fernandolucini.blogspot.com.es/…/quince-razones-para…

6 Filmoteca Española, ciclo Gonzalo García Pelayo

Gonzalo García Pelayo 31.01.2014

Alegrías de Cádiz:

Alegrias de Cádiz Gonzalo García Pelayo con Selu

Cuando estaba con Selu en el rodaje de Alegrías de Cadiz soñaba con críticas como esta que acaba de publicar Marcos Ordóñez en su blog del País: (http://blogs.elpais.com/…/sobre-alegr%C3%ADas-de-c%C3%A1diz…)
Sobre “Alegrías de Cádiz”
Por: Marcos Ordóñez | 31 de enero de 2014
Hay muchas teorías sobre los orígenes de Cádiz, la ciudad más antigua de Occidente. Se dice que los primeros gaditanos eran fenicios que venían de Tiro y de Sidón, pero yo creo que llegaban de otro mundo, muy libre y muy blanco, tan blanco como su luz de cal y de sal. Ya bien lo dijo el Beni, alienígena con estatua, en frase inmortal: “Mira si es antiguo Cádiz que ni siquiera tiene ruinas”.
Alegrías de Cádiz, el feliz retorno al cine de Gonzalo García Pelayo, es la película más libre y luminosa que he visto en mucho tiempo, y documenta que sus personajes bien podrían ser de ese otro mundo por su forma de hablar, de reir, de cantar y de moverse por la vida. Y por el brillo en los ojos y los cuerpos de las cuatro Pepas protagonistas (Laura Espejo, Beatriz Torres, Rosario Utrera y Marta Peregrina – y también, Pepas colaterales pero presentísimas, Jessica Sánchez, Silvana Navas y Patricia Galindo). Y por las sonrisas, el vacile, el balanceo, el dejarse llevar. Un mundo felizmente ritual, pautado por el alegre coro de las chicas del Revuelo, hermanas de sangre de las hadas zumbonas de El sueño de una noche de verano, y con apariciones monárquicas como la de Mariana Cornejo, reina y maga de ese mundo antiguo y sin ruinas, o el compás como narrador de Javier García Pelayo, el rey de la Sota Americana, uno de los últimos hippies verdaderos que quedan, que habla como un viejo sabio que lo ha visto todo pero aún sigue maravillándose y dejando que la vida centellee.
Hay otro narrador, un joven monarca ocioso y mujeriego, Jeri Iglesias, que lanza delirantes proclamas y se pone estupendo pero nunca falso, porque sus palabras, que en boca de otro podrían sonar pomposas o retóricas, brillan y brincan como peces locos en el agua. El Jeri parece la reencarnación de su padre, el gran Miguel Ángel Iglesias de Vivir en Sevilla y Corridas de alegría, vuelto a la tierra, al paraíso original gaditano, con más fuerza y todavía más locura pero, me atrevería a decir, sin una gota de su tormento: ese retorno es el mejor homenaje que podrían hacerle sus compadres, los García Pelayo. Y como los Pelayos son contagiosos en el mejor y más dichoso sentido de la palabra, ahí asoma también Oscar, poeta y boxeador, hijo de Gonzalo y sobrino de Javier.
Y no me olvido de la voz y la música de esa revelación que es Fernando Arduán.

Viendo Alegrías de Cádiz no dejé de pensar en lo mucho que le gustaría a Pasolini esta película. Todavía más: si Pier Paolo, en un salto digno de Gianni Rivera, su mediocampista favorito, hubiera esquivado la muerte en Ostia, bien podría haber marcado gol en Cádiz. O sea, que yo lo veo resucitado allí, mirando así, cantando por alegrías, descojonándose con el ingenio inagotable y la poesía auténticamente popular de las chirigotas y comiendo capirotes de camarones. En Cádiz podría Pasolini volver a sonreír y encontrar las sonrisas de todos los Ninettos y todos los Acattones: la sonrisa de aquellos barrios de Roma, los borgate de las orillas del Tíber, que todavía olían, como sus gentes, “a jazmín y a sopa humilde”.

Alegrías de Cádiz, que atrapé el pasado diciembre en la sala Berlanga (CineMad) y todavía no ha llegado a los circuitos llamados “comerciales”, hace honor a su nombre: alegría de vivir, de rodar, de contar. A mí me da igual que comience historias que luego abandona, que los actores entren y salgan de sus personajes, o miren a cámara, o improvisen, o enmudezcan y rompan a reir: así como brota la vida en los relatos.
A mitad de película, por ejemplo, se produce la irrupción gloriosa de las chirigotas, con su ingenio desinhibido y reluciente, y hay que parar como se para en Cádiz para recibir los carnavales. ¿Qué puede haber más importante? Juan Orol paraba la acción en una de sus películas porque los protagonistas se iban al fútbol y creía que el público tenía que ver el final del partido, y Clint Eastwood hizo algo parecido en Escalofrío en la noche para que escucháramos a Cannonball Adderley tocando en el festival de jazz de Monterrey.
Siempre habrá quienes digan que no se pueden mezclar las aguas, que una cosa es un documental y otra una ficción, y categorizaciones por el estilo: peor para ellos, porque sus vidas estarán igualmente encajonadas.
Felizmente, Gonzalo García Pelayo sigue fiel a su visión del mundo, a su lema de marino fenicio o, directamente, extraterrestre, por raro y por libre: “No hay puerto más seguro/que el de ser fiel a lo incierto”. Y lo bueno, la espléndida noticia, es que su prodigiosa longitud de onda está encontrando múltiples y merecidos ecos en certámenes de toda España y del extranjero. Tras la presentación de Alegrías de Cádiz en el festival gaditano Alcances, y luego en el de Sevilla, sus películas se vieron, el pasado otoño y en salas repletas, en el Festival Internacional de Cine de Viena (Viennale 2013), y en febrero se verán de nuevo en el ciclo que le dedica a partir de mañana la Filmoteca en el cine Doré, al que seguirá una retrospectiva en el Museo del Jeu de Paume de Paris, del 18 de marzo al 6 de abril. Y ya está rodando la siguiente, Niñas, mientras prepara Que se me paren los pulsos, un viaje al corazón de la copla mas feroz: tras treinta años de silencio cinematográfico, esto es un retorno por todo lo alto. Que no decaiga.

Con los comentarios de Jordi Costa, Paulino Viota, Luis García Gil, Pedro Calvo, Fernando Gonzalez Lucini o Ricardo Adalia Martín, que por cierto presentará la película en Filmoteca española es lo máximo que podíamos esperar. Chicas, Jeri etc. hablan de todas vosotras. Compartid, compartid y presumid. Es Marcos Ordoñez.

9 – Domingo 19:15 Sala 1 ALEGRÍAS DE CÁDIZ (Gonzalo García Pelayo, 2013). Int.: Jeri Iglesias, Fernando Ardúan, Óscar García Pelayo. España. B-R. 120′ Presenta Ricardo Adalia,

y el último día
19 – Miércoles 21:30 Sala 1 ALEGRÍAS DE CÁDIZ (Gonzalo García Pelayo, 2013). Int.: Jeri Iglesias, Fernando Ardúan, Óscar García Pelayo. España. B-R. 120′

Asincronías

10.01.2014

Esta es la escena real en Alegrías de Cadiz donde Fernando canta. Dura más de 2 minutos y eso es mucho en el cine. Para mantener el interés acumulamos informaciones y elementos dramáticos que hagan que la secuencia no sea un videoclip (que detesto) más. Canta en vivo y encima metemos también el disco, eso produce un efecto de asincronía que hace que oigamos frases dos veces aumentando el significado del verso y produciendo un efecto de choque de armonías ligeramente experimental. Durante la canción progresa la historia dramática con la presencia de Pepa (Marta Peregrina) que en ese momento es pareja de Jeri. Fernando quizás le esté cantando a ella. Se cuentan otras historias y estados de ánimo, además de la letra, con subtítulos, que son versos de Luis García Gil y Luisa Grajalva y de otra canción de Arduán (…las bajas mareas se hicieron por si ella pasea, Pepa, que oiremos al final de la película) y se acaba con una imagen de Pepa con forma de telenovela cerrando una secuencia que ha querido ser Godard. Dos personajes sabios, Javier y Selu atestiguan con el paisaje que se expande en el solo instrumental. La canción no queremos que sea un adorno. La canción es la película. Como intentamos con Lole y Manuel o Triana en “Manuela”