Vivir en Sevilla

Cartel película Vivir en Sevilla de Gonzalo García Pelayo

Vivir en Sevilla (1.978)
Director: Gonzalo García-Pelayo
Duración: 108 minutos
Producción: Za
Fotografía: José Enrique Izquierdo
Intérpretes: Ana Bernal (Ana), Lolo Sordo (Teresa), Miguel Ángel Iglesias (Miguel), José Miguel Campos (Alberto), Guillermo Méndez (Luis)
Música: Benito Moreno,  Azahar, Pablo Guerrero,  Farruco

Publicado el 13/09/2013 por Rafa Morata, en cine por delante Vivir en Sevilla (Gonzalo García Pelayo, 1978)

Dividida en cuatro fragmentos (un prólogo donde se presenta a los dos protagonistas, Ana y Miguel; una primera parte donde asistimos a la ruptura de su relación y al inicio de sendas aventuras amorosas por parte de ambos; un intermedio donde, siguiendo el modelo de Ingmar Bergman, el director pregunta a la maquilladora y al autor de la música y de las pinturas de la película, cómo creen que acabará la historia de amor además de propiciar un debate sobre la condición y el deseo femeninos; y una segunda parte especialmente arrebatadora en su particular y extraño lirismo donde se resuelve el interrogante), “Vivir en Sevilla” constituye una de las experiencias más apasionantes del cine español de la época de la Transición, una película única, singular, distinta, excepcional, innovadora y fresca, recorrida por el espíritu de Jean-Luc Godard pero sin renunciar a la arrolladora personalidad (y carácter marcada y sentidamente andaluz, sevillano, sin abandonarse en momento alguno a folclorismos, tópicos o lugares comunes: más bien dinamita cualquier idea preconcebida que el espectador pueda crearse en torno a esta propuesta) que impone su director, Gonzalo García Pelayo. Pero la línea argumental de esta historia, que transcurre cronológicamente entre el 24 de marzo y el 26 de mayo de 1978, es solo un pretexto, una simple excusa, para construir un verdadero manifiesto de amor desinhibido, totalmente desdramatizado (los actores, por ejemplo, no actúan: en un difícil y conseguido equilibrio, se muestran espontáneos a la vez que estilizados en sus composiciones, casi recitando en sus interlocuciones), a la capital andaluza y, con ella y a través de ella, a la alegría, a la libertad, a la vida y a la celebración de la incipiente democracia que va experimentando la sociedad del país en ese momento, cuando aún no se habían cumplido tres años de la muerte del dictador Franco (de hecho, la película concluye con la protagonista leyendo en las páginas de un diario una serie de muy significativos artículos relativos a derechos y libertades de la Constitución Española). Para plasmar en imágenes este manifesto tan personal donde Sevilla se hace tan física como metafórica, García Pelayo utiliza incesantemente una serie de recursos que enriquecen su obra hasta límites insospechados: un prólogo que nos sitúa en una entrevista realizada a Ana antes del rodaje y, sobre la imagen constante de aquélla, un audio de Miguel realizado tras la filmación de la película; continuos rótulos, comentarios y citas sobreimpresas en la imagen; planos estáticos que utilizan de forma muy inteligente el off visual; incisos musicales (inolvidable la actuación de El Farruco y sus Niñas con que se cierra la primera parte); una toma no válida que se repite; el rodaje en directo de una secuencia; la lectura del guión por parte del actor principal en el momento de declarar su amor a Ana; la irrupción de la voz en off del director en algunas secuencias, o desvíos testimoniales en forma de documento que ocurren en Sevilla durante el rodaje, como el relato de El Niño del Taller sobre el asesinato de un muchacho por parte de un policía, el del pintor Toto El Estirado sobre la reconciliación nacional mientras la cámara muestra sus pinturas, o la insólita ocupación de La Giralda por parte de los trabajadores de astilleros… Y todo ello sin olvidar el extraordinario personaje, lleno de matices, del pintor exiliado que vuelve a Sevilla pasados cuarenta años cuya relación personal y sentimental con Ana resultará fundamental para el desenlace de su historia con Miguel. Sevilla para el reencuentro; Sevilla para la reconciliación; Sevilla para el amor; Sevilla como estímulo para la creación; Sevilla para el Arte; Sevilla para la democracia; Sevilla para la libertad. Esto es, en definitiva, “Vivir en Sevilla”.

Cartel Expo Mexico, Vivir en Sevilla
Cartel Expo México, Vivir en Sevilla

Otras opiniones sobre Vivir en Sevilla

Pedro G. Romero:

Vivir en Sevilla es una película a la vez magistral y fallida, una máquina soltera sobre el deseo, que en su trama mezcla historias del retorno del exilio y de la represión a la delincuencia, aventuras eróticas y filosóficas, cine dentro del cine y meta-relatos, Miguel Ángel Iglesias y Farruco, liberación sexual y viejos arquetipos novelescos, flamenco rock y bailes de flamenco “puro” y sobre todo un vagabundeo libre, una deriva caótica por la ciudad de Sevilla que titula la película. Julio Pérez Perucha lo explicó bien cuando habló de una “ensalada de sintagmas” para definir su texto cinematográfico. En ella hay de todo, cine documental y cine de ficción, deconstrucción y cinéma vérité, documental etnográfico y denuncia social, reportaje musical y comedia política.”

Álvaro Arroba:

Gonzalo García Pelayo es un cineasta de un pelaje difícil de describir y aunque sus aventuras extrafílmicas son de una bizarría extrema (la última vez se definió como “Jugador profesional y cineasta”), se revelan fundamentales para entender su desigual y corta obra. Su cine, sobre todo Vivir en Sevilla, es tanto de bagaje vivencial en dormitorios y calles (Garrel y Eustache), como cultural (Godard), y sin embargo profundamente andaluz (casi gitano) de raíz, lo que le aleja de cualquier sospecha de afrancesado acomplejado. Sus territorios son los lapsos de descanso de sus héroes: los personajes épicos de su Sevilla postfranquista, sus momentos de intimidad sexual y por encima de todo el amor puro y desgarrado hasta el semen vertido a las mujeres (“Hijo, lo único que importa es el amor”, le dice un padre conmovido a su primogénito paseando por Triana). Atiborrada de ideas visuales y narrativas, Vivir en Sevilla es una de las obras maestras olvidadas del cine español.

Nos hacemos un cine:

“Cine español, y cine universal, como si metiéramos al Bergman de “Confesiones de un matrimonio” con muchos de los Godard y Truffaut de los 60, los agitáramos con varios artículos de nuestra Constitución y, arrojados sobre celuloide, plasmaran un ambiente de libertad creativa e intelectual que no es fácil encontrar en la actualidad. Todo ello usando a Sevilla como decorado y como personaje, oliendo sus perfumes pero también sus inmundicias, las pasionales y las derivadas de esas cloacas de la dictadura que siguen perviviendo. ¿Acaso este cine de García Pelayo no tiene la misma frescura y desvergüenza que el primer Almodóvar? ¿Porqué éste se consagra desde el principio y el de García Pelayo cae en el olvido?”

Escenas de Vivir en Sevilla

 




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