AMO QUE TE AMEN

Por Rubén García López

MARTES, 1 DE DICIEMBRE DE 2015

El imperio del dolor

Saeta Mayka en Amo que te Amen una p elicula de Gonzalo García Pelayo
Fot de Antonio Novillo

A la vista de Alegrías de Cádiz y Niñas, los dos primeros largometrajes realizados por Gonzalo García-Pelayo tras su decisión de volver al cine, una de las posibles conclusiones bien podría ser que, independientemente de la calidad intrínseca de estas, Pelayo había perdido mordiente. Y aunque a mi juicio buena parte de esta pérdida se deba a su conservadurismo, quisiera considerar aquí otra fuente, no ajena por demás a esta: su cultivo de una placidez más enunciada que real.

    El desgarro, el sufrimiento, e incluso la crueldad, son elementos que no deben hacerse de menos en la primera etapa de su filmografía (1975-1982), y desde luego tampoco en la segunda, televisiva (1986-1989), donde realizó su obra más amarga, doliente y oscura, Veinte mil semanales. Aunque es cierto que por su puesta en escena García-Pelayo es único en introducir una placidez casi ontológica en su narración, esta no deja de estar atravesada, e incluso constituida, por la crudeza de la muerte: la del Moreno en Manuela, la de Quique, mágicamente asociada además con la del hijo de Farruco, en Vivir en Sevilla, la de todos los animales de Frente al mar, la de Miguel al final de Corridas de alegría o la del matrimonio de que se habla en cierta escena de Rocío y José (este último, además, había perdido recientemente a su madre, hecho en absoluto casual). Presencia de la muerte a la que no es ajena otra, la del desamor. La muerte del Moreno sucede a resultas de su defensa de Manuela frente al alcalde y es tanto causa como prueba de su amor por ella, una suerte de amor cortés también presente en el personaje de don Ramón, de muerte por amor, amor por cierto no correspondido. En Vivir en Sevilla, la aparición del niño del taller narrando la muerte de su amigo Quique a manos de la policía irrumpe justo después de la primera escena entre Miguel y Ana, donde se manifiesta tanto el deseo de éste como la insatisfacción de ella, y precede a la sección donde se comunica que la pareja se ha separado: está ubicada, por tanto, en el lugar mismo de la separación. Las muertes de los animales en Frente al mar son un insistente contrapunto mortuorio a la plenitud sexual de la vida en la casa, pero también permiten matizar su impresión de felicidad y goce, ya que el acontecimiento central de la historia no deja de ser la imposibilidad de materializar un amor imposible, de llevar a la realidad una especie de ideal: regirse por el presente del sentimiento amoroso, sin atar este a temporalidad horizontal alguna (proyectos, matrimoniales y familiares entre otros). La muerte de Miguel en Corridas de alegría tan solo culmina inexorable la imposibilidad de encontrar a la amada, Deus absconditus de la narración. Tan solo en Rocío y José y, sobre todo, Tres caminos al Rocío, el amor no correspondido es aceptado (o en fin, padecido con resignación) en tanto la amada es la Virgen del Rocío, nada menos, con lo cual la imposibilidad humana de atravesar el orden trascendente es mejor aceptado: la Virgen no posee carne que penetrar, luego es en la imposibilidad de la comunión carnal con ella que esa peculiar forma de deseo que es la fe puede realizarse (claro que un servidor tiene pendiente de publicación un artículo sobre Pelayo titulado “Cómo follarse a la Virgen”, así que…). Aunque en este amor a la Virgen se manifiesta una alta (en el sentido de mística) concepción del amor, según la cual amar consiste sobre todo en abrirse uno mismo a la experiencia de ser habitado por el otro, lo cual convierte el ser correspondido en algo en cierto modo innecesario. De nuevo, el amor cortés. Y el sentimiento que dará lugar a Amo que te amen.

    Desde Veinte mil semanales, manifiesto confesional del amargo fondo personal del cine de su realizador, y punto casi final de su obra si no fuese por su retorno actual, esta capacidad de hilvanar el dolor de la pérdida, de la imposibilidad de realizar un ideal afectivo, de no poder ser amado o incluso amar como se quisiera, con el sentimiento de necesidad, de placidez, de orden implacable y en el fondo feliz (Vivir en Sevilla es un modelo de película que se auto-obliga a la felicidad, en la que se puede sentir cómo, a pesar de todo, la vida no es nada si no es feliz, que si hay vida hay felicidad, y que cuando esta falta lo que adviene es la muerte… aunque a veces venga la policía y te mate igual por muy feliz que seas), es decir, esa afirmación de que la vida es música, un continuo, falta en sus últimas películas, donde es clave una resta: la resta de la muerte…..seguir leyendo.


Fatigas mías
11 de abril de 2015

Como la (pasión por la) copla no hay ná

Imagen Amo que te amen subt francés una pelicula de Gonzalo Garcia Pelayo

Vivir en Gonzalo

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