Los Pelayos Experience

La marca LOS PELAYOS nació en el año 2003 año en el que Gonzalo e Iván García-Pelayo junto con la editorial Random House Mondadori publican el libro “La fabulosa historia de Los Pelayos” llegando a ser un Best Seller. Ya el libro contiene muchas anécdotas, como por ejemplo ésta en la que Gonzalo cuenta el punto de partida de aquella aventura de los casinos y la ruleta:

“¿Y si el crupier, cansado de hacer siempre lo mismo, tuviera una tirada algo automatizada y lanzara la bola y el plato de la ruleta a una velocidad parecida? Pues es de suponer  que la bola caería aproximadamente  a la misma distancia del sitio de donde salió.

—Javier —le digo a mi hermano—creo que tengo una idea que puede funcionar en la ruleta.

—Ya lo hemos intentado  otras veces y ahora acabamos de perder trescientas mil pesetas al black jack —me responde, arrancando  su coche desde la puerta del casino del Puerto de Santa María.

—Es verdad, pero en esas ocasiones el análisis era sólo matemático y la ruleta está blindada en ese terreno. Ahora se trata de mirarlo desde un aspecto físico. Si los relojes suizos o los cohetes de la NASA nunca  llegan a ser perfectos, las ruletas tampoco.

No puedo negar que antes lo había intentado como hacen la mayor parte de los sistemistas: creía erróneamente  que un número tenía mayor probabilidad  de salir cuando no aparecía en largas series anteriores. Me desengañó Monchi Cruz, que entonces estaba acabando de estudiar arquitectura  y ahora está reformando el Rijksmuseum con Antonio Ortiz. Me afeó mis vulgares creencias y yo también prometí reformarme.”

Foto: Presentación del libro, de izquierda a derecha Gonzalo García-Pelayo, Carlos Herrera e Ivan García-Pelayo.

02_10_2016lp-imagen-post


EL TRIBUNAL SUPREMO DICTA A FAVOR DE “LOS PELAYOS”.

NOTA DE PRENSA.  Madrid, 23 de junio de 2004

El Tribunal Supremo ha rechazado el recurso presentado por El Casino de Juegos Gran Madrid, anulando así la prohibición a Los Pelayos de acceder a sus instalaciones por “cometer irregularidades  en la práctica de los juegos” y obtener años atrás varios premios en la ruleta utilizando técnicas basadas en el cálculo de probabilidades.

Los Pelayos utilizaban técnicas informáticas para descubrir imperfecciones en las ruletas. Observaban durante un tiempo la frecuencia de los resultados de las ruletas para, mediante una cálculo de probabilidades con un programa informático determinado y tomando como base las sentencias, predecir los posibles resultados ganadores con un mínimo margen de error.

En la sentencia hecha pública el 22 de junio de 2004, el Alto Tribunal establece que el sistema ideado por Los Pelayos para jugar a la ruleta se basaba en la “utilización del ingenio y la aplicación de la técnica informática. Sin más” Según describe la sentencia, ese ingenio llevó a Los Pelayos a “descubrir que en una o unas determinadas ruletas unos número tenían, por causas físicas atinentes a ligerísimas imperfecciones de construcción o colocación, imperceptibles a simple vista, más probabilidades que otros en resultar ganadores a lo largo de un tiempo de juego más o menos prolongado”

En palabras de Gonzalo García-Pelayo  “tan ilegal como pasar los números por la olla exprés”, quién se muestra satisfecho con la sentencia además de “por el gusto de ganar, porque el Supremo limpie definitivamente su imagen de tramposos”, como ya se había demostrado en su libro “la Fabulosa Historia de Los Pelayos”.

“Nosotros tomábamos datos que eran públicos, incluso el casino incentivaba a los otros jugadores a anotar los números que salían. Ofrecían los datos en paneles y entregaban hojas para anotarlos, pero para que los jugadores tomasen decisiones matemáticamente equivocadas. Nosotros hacíamos lo mismo que todo el mundo, pero con un análisis correcto”, añade Gonzalo.

El Casino les prohibió la entrada por las pérdidas que estaban teniendo, acusando a Los Pelayos de tramposos. La Delegación del Gobierno ordenó que les permitiesen la entrada y ahora el Tribunal Superior  concluye que “cuando Los Pelayos jugaron a la ruleta, el juego no dejó de practicarse con toda regularidad, sin manipulación alguna de la propia ruleta, sin sustituir la elección del número o números a cuyo favor se apuesta después del momento en que ello ya no es permitido, sin influir en momento alguno en el discurrir de la bola y del cilindro, con sujeción, por tanto, al azar del número en que la bola finalmente se pose”

“Es muy de agradecer que la sentencia reconozca nuestro ingenio y capacitación técnica y sobre todo que confirme definitivamente que estas técnicas no suponen ninguna trampa, que es lo que siempre hemos defendido” concluye Gonzalo.

Tras esta sentencia, es probable que volvamos a ver a Los Pelayos retando a los casinos, e incluso irán más allá, pues Gonzalo recomienda, además de la ruleta, aplicar otras técnicas para  los juegos del poker y  apuestas deportivas por  Internet. En este enlace podéis leer la prensa sobre la sentencia.

02_22_2016lp-imagen-post


 

Ya cuando llegó la sentencia del Tribunal Supremo a favor de Los Pelayos y en contra del Casino Gran Madrid, Los Pelayos ya habían cambiado de foco, de las ruletas al póquer.

Pero antes de empezar a hablar de ello, os contaremos algunas anécdotas de la familia en la época de la ruleta.

Por supuesto, que le ganaran a los casinos fue un factor determinante, pero el factor propinas era el que hacía que además los crupieres sintieran una gran antipatía por la familia, aunque muchos de ellos no solo acabaran siendo y aún son amigos, si no también parte de la familia. En los casinos los crupieres cada vez que ganas una jugada, sea la que sea, te miran a la cara y te dan las gracias forzándote así a dejarles propina. Gonzalo tenía prohibido dar propina ya que si das propina todas las veces que ganas pero el casino no te da propina todas las veces que pierdes, acaba siendo un gran porcentaje de las ganancias e incluso pueden llegar a convertirse en pérdidas.

Por esa razón el estar jugando durante ocho horas viéndole las caras a los crupieres no era nada fácil, había que tener mucha disciplina y si algo tenía la familia era eso.

Algunos fragmentos del libro “La fabulosa historia de Los Pelayos” con respecto a las propinas:

“…Lo único chocante era la frecuencia vergonzante con que los crupieres llegaban a parar el juego para insistirnos en su petición de las propinas. Asustados por esas turbas mendicantes,  comenzamos a ceder y entregar algo de nuestras ganancias para así intentar  alargar en lo posible el buen momento de suerte por el que estábamos pasando. No era nuestra costumbre ni nuestra regla, pero el escándalo que empezaba a organizarse en un casino relativamente pequeño, con muy pocos jugadores a esa hora de la aburrida tarde danesa, y un grupo de españoles jugando por lo máximo y ganando por todo lo alto, aconsejaban relajar un poco nuestros estrictos y sobrios principios. Pues ni por esas. Los voraces vikingos no se conformaban  con estos graves juicios y demandaban  más parte del botín, que seguía aumentando  a cada minuto.  Intentamos darles un capotazo proponiendo aplazar sus demandas para el final de la pelea, pero ellos se revolvían en un palmo de terreno y nos plantaban  cara parando repetidas veces el juego de la mesa. No había visto más desvergüenza ni en Nápoles ni en Cádiz, donde la han inventado, pero en su forma sana y artística. Aquí era soez y perdularia…”

“…Nos habíamos equivocado dando algunas propinas. Los jugadores profesionales como nosotros nunca deben darlas. Fue una debilidad imperdonable…”

“…De toda aquella experiencia nos quedó como positivo unos ingresos que al menos cubrieron  los gastos efectuados, algunas compras que cayeron en Oxford Street y en Candem Town, una lluviosa pero emocionante excursión a la ciudad de Oxford y el placer de haber trabajado en un país inteligente donde, en el entorno del juego, no se aceptan propinas y cuando te echan es absolutamente  legal e incluso bastante lógico…”

“…El siguiente destino de nuestra gira mediterránea  fue Ibiza… Allí había un crupier con pinta de longevo hippy, limpio y retirado, que fue un caso único que encontramos en el tema de las propinas.

—No, gracias. No las acepto —nos decía después de darnos dos veintiuno doblados.

—Déjeme que le regale el Cry of love de Hendrix, que acabo de encontrar en disco compacto —le insistía, esperando sorprenderle.

—No, gracias. Ya lo tengo…”

Años más tarde tanto Vanessa como Iván fueron crupieres de póquer y aunque las propinas le venían muy bien, nunca forzaron las circunstancias, es verdad que la tensión de las propinas en el póquer es menor que en la ruleta, pero nunca cambiaron su línea de pensamiento, Los Pelayos, aun siendo casa siempre han estado muy cerca del jugador. Cuando Los Pelayos entraban en el casino Gran Madrid, las cámaras giraban, los crupieres miraban y se notaba, como decía un compañero “he notado tensión”. Hoy en día cuando alguno de Los Pelayos va al casino aunque sea para un torneo de póquer, siempre se acerca a las ruletas para ponerlos nerviosos.

02_23_2016lp-imagen-post


Pero no fue sólo en Copenhague cuando Los Pelayos fueron débiles y cedieron en las propinas, también lo hicieron en Ámsterdam. Esta cuidad fue el segundo casino más importante de la aventura casinera, aquí vivieron durante cuatro meses y cómo podéis imaginar ocurrieron muchas cosas. Al igual que en la película The Pelayos, surgió la posibilidad de negociar con el casino. Los Pelayos no querían levantar antipatías así que empezaron a dar propina, cada cuatro plenos. Esto no fue suficiente y aunque tardaron en reaccionar, lo hicieron cambiando las mesas y como en todos los casinos algunos crupieres mordían y otros…no tanto. Consiguieron tener una reunión con uno de los jefazos/ejecutivos. Balón fue el que fue el que consiguió la cita y les comentó a todos, y entre ellos a Vanessa, que a mitad de la jornada pararían y un señor que hablaba algo de español, nos invitaría a tomar algo en el bar. Efectivamente se hizo un descanso y encaminados al bar, el jefazo se acercó a Vanessa y tendiéndole la mano le dijo “Hi….tomas”, Vanessa contestó presurosa “Una Coca-Cola”. Os podéis imaginar que las conversaciones con el tal ” Thomas Klenz ” no tuvieron mucho éxito aunque no culparon por ello a Vanessa…de Ámsterdam se fueron directos a Viena, casino en el que obtuvieron el record de ganancias en una noche.

Ya quedó patente que los chicos de Los Pelayos no tenían dominio del inglés, en Ámsterdam todo el mundo habla un inglés fluido, menos mal!.

El grueso de la tropa llegó los primeros días de Febrero para iniciar el ataque al casino, los canales estaban congelados y Balon había reservado estratégicamente habitaciones en el Hotel Maas http://hem-hotel-maas.hotelsofamsterdam.net/es/, en frente de un canal y muy cerca del Casino, se  podía ir andando!!

Las jornadas iban cambiando, los que trabajaban por la tarde aprovechaban para disfrutar de las maravillas que esa ciudad ofrece, suponemos que no tenemos que enumerarlas pues son del todo conocidas, aunque de las que menos se habla es de los pubs/discotecas donde los porteros no pagados por la casa, viven de la propina y claro, eso el equipo tuvo que aprenderlo a veces quedándose fuera del local, en una noche nevada y sin móviles, esperando a los que estaban dentro. Otras veces aún dando propina, si eras extranjero y no hablabas bien, también te dejaban fuera.

Todos se acostaban muy tarde por las noches y el servicio de limpieza del hotel llamaba siempre a primera hora de la mañana “Housekeeping!!” para ellos, “La haskipin” que no conseguía entrar nunca, hasta que un día abrió la puerta y dijo en perfecto holandés “sí, sí, hoy si”, así que como una madre los echaba todas las mañanas de sus habitaciones, saliendo uno tras otro de la habitación en pijama y acostándose en la habitación del compañero hasta que llegara la limpiadora.

Cuando Los Pelayos vieron la película 21 Black Jack, a los cuales Sony contactó para la presentación de la película en España, se vieron muy reflejados en la película, se acordaron mucho de aquel hotel de Ámsterdam donde escondían los fajos de dinero en el techo y los sudores y nerviosismo al viajar con tanto dinero por los aeropuertos, pensaban que pitarían las alarmas!!.

Desafortunadamente no había llegado el Euro y había que cambiar la moneda cada vez que cambiaban de país.

02_24_2016lp-imagen-post


Y nos fuimos a Viena, así empieza el libro “La fabulosa historia de Los Pelayos”: “Desde luego que Viena no es la mejor ciudad del mundo  para encontrarse alegre, pero aquella noche nos sentíamos absolutamente exultantes con lo que estaba sucediendo en el casino de aquella ciudad. Ya llevábamos bastante tiempo jugando en muchos otros casinos de distintos  países y muchos  más todavía estaban por llegar, pero de sobra sabíamos que lo que en ese momento se cocía no sería fácil de repetir. Con las seis personas del grupo que nos habíamos desplazado a aquella tan palaciega como decadente capital conseguíamos tener a raya dos mesas de ruleta americana y una francesa.

Éstas no paraban de arrojarnos premios y más premios, y en ese momento nuestra única preocupación era no quemarnos con el fuego que expulsaban aquellas ruletas, y más aún los directores o jefes de sala de aquel local. El caso es que íbamos ganando unos once millones y medio de pesetas al cambio, o sea que, realmente, lo que se dice preocupados,  la verdad es que no lo estábamos demasiado…”.

Las ruletas estaban encendidas, pero los jefes de sala y los crupieres también. Los chicos de la “flotilla” jugaban de dos en dos en cada mesa, se jugaban 9, 12 ó 18 números y no daba tiempo a recoger los premios, apuntar el número y volver a poner todas las fichas en juego, con lo que lo hacían a cuatro manos ya que una de las estrategias del casino era que los crupieres tiraran las bolas muy rápido.

Los clientes del casino de Viena eran bastante grandes y rudos, el casino estaba lleno y cuando querían poner un número al otro lado de la mesa arrasaban como si de un partido de rugby se tratara, los chicos que siempre se ponían en el centro de la mesa para poder llegar a todos los números  acabaron derrengados por aquellos envites, las prisas, la tensión y la intimidación que ejercían algunos de los crupieres, que a la hora de estar en el casino ya se sabían los nombres de Los Pelayos y mientras tiraban las bolas les susurraban sus nombres como si de una película de terror se tratara.

“…Empezábamos a darnos cuenta de que era muy probable que aquello no durase  muchos  días más, y nadie nos tuvo  que pinchar  demasiado  para llegar a la conclusión  de que teníamos que intentar  ganar todo lo que pudiéramos.  Ni justa medida, ni aquel charme que se le supone a los jugadores profesionales de opereta que emanan de la muy desviada imaginación de escritores gustosos de experimentar con personajes ideales. Nada de eso, teníamos que ir a por todas, y conseguir sacar de aquel casino todo el dinero que ganásemos en estado sólido, o, como suele decir la gente culta cuando se relaja, en crudo. Era evidente que la guerra estaba servida, y por eso la estrategia era darnos relevos. Mientras unos soportábamos  estoicamente la presión del momento del juego, otros descansaban un rato en la siempre estimulante barra del bar…”

La foto es antigua, no existían los móviles todavía, pero es auténtica Los Pelayos, en ese momento, en Viena.

02_29_2016lp-imagen-post


La hazaña en Viena fue intensa, se batió el récord de ganancia en una noche, pero también fue corta. Al día siguiente habían cambiado las mesas tal y como cuentan en “La fabulosa historia de Los Pelayos”:

 

“…Llevábamos los últimos meses preocupados porque íbamos advirtiendo que el tiempo de reacción de los distintos casinos era cada  vez más  estrecho.  La planificación  del  trabajo  ya no era cuestión de hacer rotar a un grupo en un lugar, o incluso a varios en distintos sitios. Últimamente debíamos estar a la que salta, obligados a preparar varios casinos a la vez para cambiar de uno a otro, y cada vez teníamos más ruletas que analizar en menos tiempo.

Ahora que teníamos el sistema muchísimo más afinado y que disponíamos  de bastante dinero acumulado  por las ganancias obtenidas en los dos últimos años, podíamos golpear a los casinos con mucha más fuerza, pero a cambio sabíamos que era bastante más arriesgado, ya que después de una mala racha podían desestabilizar nuestro  sistema cambiando las ruletas. Entonces teníamos que volver a empezar. Cada vez más gastos, más riesgo, y menos tiempo para rentabilizar cada operación, aunque cuando ganábamos, lo hacíamos por todo lo alto…” “… En Viena resultaba que nos estaban esperando como si fuéramos los enanitos del bosque. Guillermo e Iván vieron lo que había y se marcharon,  aparentemente  tranquilos.  Nunca volvimos a jugar allí, ni les dimos remotamente  la posibilidad de recuperar los nueve millones de pesetas que les habíamos arrebatado jugando dos días. Espero que sigan riendo…”

Los Pelayos entonces se tomaron un día de descanso para visitar Bratislava, la frontera de Eslovaquia se encuentra a 50 km de Viena y acababa de constituirse como país independiente. Cuando volvieron a Viena “…Decidimos que Guillermo y Vanessa harían un viaje relámpago por Austria y la parte alemana de Suiza para inspeccionar nuevos casinos. Marcos y Cristian tomarían un avión hacia Copenhague para preparar, junto  con mi madre, el desembarco que se avecinaba…”

A Guillermo y Vanessa les acompañaba un amigo que era el que entraba en los casinos del Tirol, no querían hacer saltar las alertas identificándose como Pelayos. Nos cuentan que fue un viaje maravilloso por las tierras de Mozart y sus bombones en Salzburgo, Innsbruck, el lago Constanza, Graz, todo estaba nevado, un paisaje de recreo, aquellos días fueron más unas vacaciones que una prospección. Pero lo que más les emocionó fue de vuelta por las carreteras al anochecer en busca de un sitio donde cenar, fue descubrir un Burguer King con su Drive Thru, ¡algo que sólo habían visto en las películas!. Emocionados y dando palmas en el coche decidieron experimentarlo por primera vez, se pararon con el coche delante del micrófono para hacer el pedido, salió una voz “Agendazten for kunweiken” se quedaron petrificados, Guillermo alzó su dedo y le contestó “¡¡Un momento!!”, metió primera y derrapando salieron del Burguer King en busca de otra aventura. Cada vez que lo cuentan….se tiran de risa.

Se puede ver en la foto la fecha, 30 de marzo del 1993.

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“…Al día siguiente decidimos ir al restaurante Der Freischütz para celebrar por todo lo alto aquella gran victoria, que había supuesto hasta el momento la cumbre de nuestra aventura por varios casinos europeos…”

“…—Ahora que estamos todos vamos a hacer un brindis por el pelotazo que hemos dado —nos propuso Vanessa.

Todos levantamos nuestras inmensas jarras de cerveza bien cargada y empezamos a pegar gritos y vítores.

—Ya que estamos aquí, ¿por qué no lo decimos en alemán? Prost! —propuse también.

—Prost! Prost! Prost! —gritamos todos a una.

—Y ahora, a por Dinamarca. ¡Viva Vicky el Vikingo! —añadió Guillermo…”

“…Marcos y Cristian tomarían un avión hacia Copenhague para preparar, junto  con mi madre, el desembarco que se avecinaba….”

“…llegamos a Copenhague con una magnífica impresión  de la calidad de sus ruletas. Teresa había estado tomando  números  durante  bastante tiempo, y el posterior análisis nos mostraba que aquellos casilleros parecían tener auténticos agujeros en algunas zonas por donde, jugando a unas veinte mil pesetas la apuesta, podíamos armar un edificante lío si las cosas se daban medianamente  bien…”

“… comenzamos a jugar por el máximo. Habíamos llevado a Dinamarca veinte millones de pesetas y apostábamos sin miedo una media de doscientas cincuenta mil por cada bola en cada una de las dos mesas…”

“…Diez minutos más tarde, se nos acercan los gorilas del casino para decirnos que les acompañemos…Yo me resisto un poco, pero veo que se puede formar un alboroto con la consiguiente llegada de la policía, que en todos los países se pone aburridamente a favor del casino, a favor del más fuerte.

En ese momento llevábamos tres horas jugando y ganábamos justamente tres millones de pesetas. Parece ser que la dirección del casino no nos aguantaba a un ritmo tan fuerte y, además, dando pocas propinas a sus esbirros.

Nos llevaron a un despacho, donde un tipo sentado detrás de una mesa nos contó en inglés que al vernos tan organizados había intentado conseguir información sobre nosotros. Ellos pertenecían a la misma empresa que Austria Casinos y, al llamar a Viena, habían sabido quiénes éramos y la que allí habíamos formado. A la calle, que nos lleváramos lo ganado pero que no volviéramos a pisar sus salones. Para reafirmar lo dicho, hizo un gesto a un niñato vestido con tejanos y zapatillas de deporte que lo acompañaba para que nos mostrara una pistola que llevaba bajo el brazo sujeta con unas correas de cuero. Les dijimos que, confiando en la conocida liberalidad de su país, nos íbamos directamente  a la comisaría más próxima a denunciar  este flagrante desprecio por nuestros más elementales derechos (fundamentalmente nuestro derecho a llevarnos un millón por hora sin hacer ningún tipo de trampas, pensé para consolarme).

Nos habíamos equivocado dando algunas propinas. Los jugadores profesionales como nosotros nunca deben darlas. Fue una debilidad imperdonable…”

03_02_2016lp-imagen-post


Las Vegas: Capítulo de nuestro libro “La fabulosa historia de Los Pelayos”, “Pelayo’s Corner”, narrado por Iván, que hace referencia a Las Vegas y que abajo pongo algunos párrafos:

“La entrada por el lado sur de la ciudad, donde ese famoso cartel te da la bienvenida al lugar y se inicia la avenida titulada como Las Vegas Boulevard (popularmente conocida como The Strip), fue el segundo gran golpe emocional que hasta la fecha me ha sido imposible borrar de aquellos recuerdos. La dimensión de aquellos edificios, los carteles luminosos, la densidad de personas y ofertas que abarrotaban  la calle, o los colores y sonidos que se iban haciendo cada vez más nítidos a medida que nos adentrábamos en la ciudad, a través de aquella monstruosa avenida de unos diez kilómetros  de largo y más de medio de ancho, tampoco tenían nada que ver con las dimensiones y los ambientes que se pueden  apreciar en cualquier otro lado del mundo,  sea cual sea el continente  que se visite.”…

“… La conclusión final de nuestra aventura americana fue que la única manera de hacer rentable la operación Pelayo en Las Vegas era quedarse a vivir de manera estable allí, y desde luego eso no era fácil de digerir para nadie.”…

“…Un año y medio después de nuestra  última expedición a Las Vegas, el ritmo de trabajo ya no era el mismo. La capacidad de jugar en casinos ya es sabido que era nula, el desarrollo de aquel sistema a distancia que eran los «submarinos» no conllevaba demasiado problema y la evolución de los nuevos negocios relacionados con el mundo  del juego no nos ocupaba tanto tiempo como antes. Por estas razones, mi hermana  y yo, después de acordar un plan de trabajo con nuestro  padre, que se quedaba manteniendo  la partida de póquer con la que nos habíamos capitalizado, decidimos irnos de nuevo unos tres meses a Las Vegas para intentar  ver qué podíamos hacer con la cantidad de relaciones que habíamos dejado abiertas en nuestro anterior viaje a la ciudad del juego y también de los negocios.”

“…Leíamos, estudiábamos y preguntábamos sobre cualquier cosa que tuviera que ver con Las Vegas. Y es lógico, porque ¿puede haber un lugar más importante para un profesional del azar que una ciudad donde existen al menos ciento cincuenta casinos?….

… Así que con esa sofisticada estrategia acabamos decidiendo que debíamos diversificar todo lo que pudiéramos el estudio de la mayoría de las ruletas de los distintos casinos que considerábamos más propicios para nuestros intereses. Se analizó y se acabó jugando en lugares tan míticos como el Caesar’s Palace, el Flamingo, el Mirage, el Tropicana o el Metro Goldwyn Mayer Grand, que actualmente es el casino y el hotel más grande del mundo. También acudimos a algunos otros menos populares como el Harra’s, el Treasure Island, el Montecarlo, el Excalibur o el Luxor. De todo ello, así como de los complicados horarios de trabajo con sus especificaciones y controles de personal, existe un abultadísimo cuaderno que atestigua que llegamos a tener perfectamente estudiadas y controladas hasta cincuenta ruletas distribuidas entre todos esos establecimientos.

… Quizá el momento en que más advertimos que habíamos llegado al cenit de nuestra carrera fue cuando mi padre, por supuesto lleno de guasa e ironía, comentó al pie de una de las encrucijadas más emblemáticas de la ciudad:

—Algún día tendrán que cambiar el nombre de esta zona y conseguiremos que la llamen «Pelayo’s Corner».”

02_15_2016lp-imagen-post


En las Vegas Vanessa e Iván consiguieron sus objetivos, Iván contactar con el casino Metro Goldwyn Mayer, más conocido como MGM, con el que realizó varios viajes trayendo a turistas-jugadores a Las Vegas y Vanessa amplió su círculo de amistades y decidió quedarse a vivir en Las Vegas pero no a seguir con el juego si no dedicarse al Flamenco.

Las Vegas es muy conocida por las bodas y para no ser menos ya tres de la familia Pelayo se han casado allí, en los mismos días Vanessa y Javier, quien renovó sus votos, y su hijo Luis unos años más tarde.

Javier García-Pelayo cuenta magistralmente su llegada y boda en Las Vegas:

“Las Vegas, es una ciudad donde cada uno puede representar el papel que quiera. El casting está todavía abierto, se aceptan actores, directores, guionistas iluminadores, maquilladores, directores artísticos y muchos operarios. Es una gran superproducción, que cuenta, de momento, con un millón de habitantes-participantes. Van a verla 40 millones de espectadores al año y va a más. Como decía el dueño del Parque Jurásico; “No hemos escatimado en medios”. En pleno desierto de MOHAVE, una inmensa paellera rodeada de montañas con algunos accesos, en medio, una ciudad típica americana de casitas con jardín y garaje atravesada por la gran raya, La Strip, que es una larguísima avenida (Las Vegas Boulevard), que arranca en Freemont Street y termina, por ahora, en el Hotel Mandalay. Y sigue.

En Freemont, una calle cubierta donde cada hora hay un magnífico espectáculo de luz y sonido rock, country and western, es donde están los casinos más antiguos como el Golden Nugget con la pepita de oro más grande del mundo flanqueados por el famoso cow-boy de neón. A partir de ahí una sucesión casi interminable de gigantescos hoteles temáticos con enormes casinos rodeando los mostradores de recepción. Siete de los diez hoteles más grandes del mundo están en la Strip: MGM, VENECIA, PARIS, BELAGGIO, CAESAR PALACE, MIRAGE, NEW YORK y así una larga lista de centros de entretenimiento, cada uno con sus espectáculos y atracciones, todo rodeado de fuentes, lagos, plameras y “auténticas” junglas interconectadas entre si por pasadizos, puentes, escaleras mecánicas, cintas transportadoras y monorrailes sin conductor y así evitar en lo posible el aplastante calor del verano y las enormes distancias de esa excitante raya donde también en un largo trecho todo lo que hay son Wedding Chappels en una acera y joyerías en la de enfrente.

Enamorados como estamos y con muchas ganas de divertirnos, juntamos el hambre con las ganas de comer y el día 1 de Junio de este año 2001 nos fuimos pa Las Vegas dispuestos a casarnos de nuevo esta vez en inglés.

Haciendo escalas, con carreras, en el aeropuerto de Detroit, pasando con éxito la inmigración y siendo atendidos amable y gimnásticamente por una rebosante oficial afro-americama, conseguimos subir los últimos a nuestro avión donde creemos que ya estaban haciendo apuestas sobre si embarcaríamos o no. Nosotros habíamos apostado a que sí.

El vuelo fue nocturno y llegando pudimos comprobar que Las Vegas es la ciudad más luminosa del mundo. Empezando por un punto de luz se van aclarando los destellos y dibujándose los contornos y colores de los gigantescos edificios a los que la brillante ciudad rodea. En el aeropuerto nos esperaban Vanessa y Valentín que se iban a casar por primera vez en los próximos días y de cuya boda nosotros íbamos a ser testigos. Nuestra sobrina Vanessa lleva tres años cantando y bailando flamenco en Las Vegas y Valentín es chef de la cadena Hilton, así que dejamos las maletas en el hotel y dimos una pequeña vuelta después de veintitantas horas de vuelo transoceánico y transcontinental.

El viernes turisteamos todo el día con relativa tranquilidad y viendo el espectáculo que es la propia ciudad y por la noche cenamos donde actuaba Vanessa con uno de sus grupos donde está “Pepe el sevillano” que lleva cuarentaitantos años en América y veintitantos en Las Vegas y es “puro de oliva”. Nos sorprendió Vanessa cantando con voz profunda y cálida y disfrutamos de verla bailar con la alegría que ella lo hace. Vino a vernos y a despedirse Juan Carlos del “Clan de los Pelayos” y este año Campeón Mundial de Poker en el campeonato celebrado en Las Vegas. Se le veía a él y a su chica exultantes y felices de haberlo conseguido y más de poder haber ganado más de 3oo millones de pesetas.”….

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En Las Vegas, no sólo se han casado la familia sino componentes de la comunidad Pelayo, la comunidad de Los Pelayos Poker a los que Los Pelayos acompañaron en el evento llamado “Desafío Las Vegas”.

Este desafío constaba en ir un grupo de jugadores de póquer, los más avanzados o Vips, hacer una banca común y organizar el juego. Gonzalo, Óscar, Javier y Vanessa García-Pelayo organizaban el viaje. Una vez en Las Vegas Vanessa se hacía cargo de la banca, de las cuentas y del reporte diario en la web para todos los seguidores que, desde España, estaban  muy atentos de la evolución del “Desafío”. Gonzalo y Oscar junto con los profesores Christian, Luis (también García-Pelayo) y Jeri Iglesias organizaban quién jugaba, en qué casinos y en qué límites. Como os podréis imaginar la experiencia vital que vivían todos Los Pelayos, los alumnos se hacían llamar Pelayos también, era y fue, un hito en las vidas de todos los componentes.

Pues bien, se hicieron tres “Desafío Las Vegas” con 12, 15 y 21 participantes respectivamente, algunos repitieron. Guiados por la familia conocieron Las Vegas con sus casinos Bellagio, Mirage, The Venetian, MGM, Wynn y Caesars Palace, que era donde se jugaba, y se ganaba. Además conocieron sus restaurantes-bufetes, conocieron también sus alrededores como El Gran Cañón, El Valle de Fuego, El Valle de la Muerte, sus espectáculos como “LOVE”, “O”, “Ka” del Circo del Sol, sus discotecas…todo lo que quisieron y, que les daba tiempo, ya que se jugaba al póquer al menos 8 horas diarias. Y sí, en dos de los tres viajes, tuvimos boda.

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Se dice que “lo que pasa en Las Vegas se queda en Las Vegas”. Los Pelayos siempre han querido contarlo todo, por eso cada vez que un programa de televisión quiere desplazarse a Las Vegas contacta con ellos. Cuando Juan Carlos Mortensen se proclamó Campeón del Mundo de póquer, el programa Documentos TV viajó a Las Vegas junto con Gonzalo y Óscar García-Pelayo para entrevistar a Juan Carlos y visitar a Vanessa, la cual ya vivía en Las Vegas y mantenía buena amistad con Juan Carlos. En este enlace podéis ver el documental “Vidas sobre el tapete” . Ese viaje,  por cierto, fue el pistoletazo de salida en la vida profesional como jugador de póquer de Óscar.

Javier Sardá quiso ser testigo del primer “Desafío Las Vegas” en su programa “Dutty Free” así que se trasladaron a Las Vegas con la intención de rodar a Gonzalo y el equipo de jugadores.

Canal Sur en su programa “Andaluces por el mundo”  contacta con Javier García-Pelayo para coincidir con él en Las Vegas y les guíe.


Por último y quizás el más importante Gonzalo e Iván nos cuentan la aventura en el documental “The Roulette Assault” que llevó a cabo en 2004 la prestigiosa History Channel para Estados Unidos y con distribución mundial dentro de una serie “Breaking Vegas” sobre los trece mejores jugadores del mundo (los doce restantes eran americanos). En esto enlaces  podéis ver el documental.


“…y ganó trescientos millones de pesetas y el título de campeón del mundo  más joven de la historia del póquer…”

Seguimos contándoos anécdotas y aventuras de Los Pelayos, esta vez en el mundo del póquer.

Gonzalo relata así, en el libro, su relación con Juan Carlos Mortensen “…Juan Carlos no fue propiamente un Pelayo. No pertenecía a la flotilla y ni siquiera lo conocía en nuestra intensa época ruletera, pero desde que apareció formábamos una especie de equipo tanto en el local de póquer de la calle Montera como en los demás sitios de Madrid. De todas las que conozco, es la persona que más se interesaba por el juego de manera abstracta. Ya jugaba muy bien al billar, y sobre todo al ajedrez, cuando empezó a estudiar el póquer. Hace muy poco estuvimos charlando en mi casa de Madrid, empezado ya este libro, de cuestiones teóricas, siempre relacionadas con el juego. En diferentes momentos Cecilia, él y yo hemos jugado en las mismas salas, no en las mismas mesas, de Las Vegas, Los Ángeles o en varios casinos ribereños al Mississippi. Por todo eso, cuando vi que eliminaba a todos los jugadores y se quedaba mano a mano con un conocido profesional americano al que doblaba en cantidad de fichas, me sentí como cuando iba en volandas por las calles de Nueva Orleans tras conocer que la flotilla había desbancado al casino de Viena sin mi participación…”

“…Cuando analizamos la jugada meses después, ya en España, vimos que era correcto incluso suponiéndole  al rival la mejor jugada, pareja de ases (era lo que llevaba), las posibilidades estaban a la par y además a Mortensen le sobraban fichas. Era como un cara o cruz. Después de una carta neutra (un ladrillo), salió un nueve de diamantes en el último lugar, ligó la escalera —su única jugada en toda la noche— y ganó trescientos millones de pesetas y el título de campeón del mundo  más joven de la historia del póquer…”

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En este enlace podéis ver la Mano en la Final Word Series Of Poker 2001 momento en el que Juan Carlos Mortensen se proclama Campeón.


Comienza la aventura de Los Pelayos en el Póquer.

“…Después de la desilusión que nos produjo el black jack en nuestra primera incursión  en el mítico mundo  del naipe, la flotilla miraba con desconfianza hasta la Carta Magna.

Aun así, unos años más tarde, cuando nuestra actividad en la ruleta se vio obligada a reducirse dada la presión de los casinos, no faltaron fuerzas para adentrarnos en nuevos negocios en torno al mundo  de las cartas…”

Mientras que en el último intento ruletero en Las Vegas, algunos miembros de la flotilla luchaban contra el doble cero y se disfrazaban para pasar inadvertidos, Gonzalo se dedicó exclusivamente a conocer el póquer que allí se jugaba.

“…Póquer se había jugado siempre en nuestro país, pero en su versión «descubierta»,  que es la única que permite practicarlo como juego social donde pueden apostar hasta diez jugadores. Nuestro póquer, conocido con el nombre de chiribito, era una versión siniestra del original americano, y parece que fue introducido desde círculos recreativos militares en la época de la dictadura. No se permitía pensar y había que decidir las apuestas de inmediato, con el fin de convertirlo en una lotería. Creyendo yo que el póquer  es el juego de mayor calado intelectual después del ajedrez, me parecía que nuestra versión castellanomanchega reflejaba claramente nuestra rancia idiosincrasia…”

“… La modalidad de póquer que más se juega en América, con la que se disputa su mítico campeonato mundial, es la conocida como «Texas». Éste es un póquer abierto, con una amplia base combinativa en que el jugador entra o sale cuando le parece, por supuesto piensa lo que le apetece y además, en su versión de diario en los casinos, está reglamentado  con apuestas limitadas, es decir, uno sabe siempre lo máximo que puede perder en cada jugada y por tanto es imposible apostar la casa o la mujer, como es fama que ocurría en tradicionales partidas españolas de tierra adentro…”

Una vez que los miembros de la flotilla terminan y vuelven para Madrid, Gonzalo junto a su mujer, su hija Vanessa y su hijo pequeño Pablo deciden cruzarse Estados Unidos desde Las Vegas a Filadelfía parando en todos los estados donde el juego estuviera permitido para seguir probando y aprendiendo.

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¡En busca de póquer!

Decidieron pues, que la vuelta a Madrid desde Las Vegas, sería en coche hasta Filadelfia donde cogerían el avión para Madrid.

Todos, pero sobre todo Pablo, que tenía tres años, pasaron muchas horas en el coche, Gonzalo para calmar a Pablo le comentaba que cruzarían el río Mississippi, que era un río muy grande y que le gustaría mucho…al cabo de tres días de coche Pablo comentó “¡Ofú que lejos está el Mizizipi este!”.

Efectivamente después de pasar por Albuquerque, Santa Fe, Amarillo, Texas, hay un jugador, leyenda del póquer, que se llama “Amarillo Slim”. Entraron en Oklahoma City, Arkansas y por fin el estado de Mississipi donde pasarían un par de días en Túnica, pequeño pueblo al lado del río, enclave de unos 5 ó 6 casinos.

Allí Gonzalo se dio cuenta de que era El Mardi Grass en Nueva Orleans y decidieron desviarse al sur y no perderse la oportunidad de disfrutar de tan maravilloso carnaval donde, por cierto, también hay casinos y donde no perdió la oportunidad de jugar al póquer.

Después de disfrutar de otro par de días de carnaval siguieron camino a Biloxi, Mississippi ciudad con grandes playas y grandes casinos. Se vieron cerca de Atlanta, Georgia  y dejaron que la música los llevase a ver Graceland en Menphis y Nashville en el estado de Tennesse, donde entregaron el disco de Iván García-Pelayo. Siguieron al norte por Saint Louis, Missouri, Cleveland, Ohio, Virginia, Maryland y finalmente Filadelfia donde embarcaron hacia Madrid.

Las ganancias en el póquer no fueron grandes, incluso hubo días de grandes pérdidas y muchas horas de juego, pero el estudio y la experiencia desembocaron en el inicio de una nueva etapa de Los Pelayos, en palabras de Gonzalo: “…El caso fue que, a la vuelta de América, ya en Madrid me asocié con aquel escritor y gran amigo llamado Enrique Portal. Ambos jugábamos al ajedrez con Juan, joven abogado que nos asesoró en el sentido de que, teniendo los casinos vedado este juego, montar  un garito privado de póquer  no era legal pero tampoco contrario a ninguna ley. Me encontré así delante de una de las palabras que más han sintonizado con mi carácter desde que llegué a la edad adulta: alegal…”

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“…Total, que cometimos el acierto de montar una casa de póquer Texas en la calle Montera de Madrid…”

“…Ser básicamente alegal todavía me entusiasma. Se trata de habitar en una zona que se sitúa en el limbo, que la razón humana no ha previsto y donde  no llega la ley ni la prohibición. Morando en ella se consigue, en las sociedades democráticas, que poco a poco el manto del derecho se alargue con necesarios retales que cubran la despoblada región…”

Con estos párrafos de “La fabulosa historia de Los Pelayos”, Gonzalo nos cuenta el ambiente de aquel club:

“…Por allí venía algún tenor, un pintor, presentadoras  de televisión y periodistas de suplementos dominicales que, junto con un literato como Enrique, formaban un colectivo de sistemáticos perdedores ante otro grupo integrado por antiguos crupieres, jugadores de ajedrez y revendedores  de entradas de espectáculos taurinos, que eran habituales ganadores. Yo era amigo de todos y apreciaba sus trayectorias, pero decantaba siempre mi admiración  hacia la función social insustituible  de la reventa…”

“…Los que gustan de cambiar las ces por las kas carecen de estas cualidades al ser personas más dubitativas, egocéntricas y maníacas. La mezcla de racionalidad e imaginación, y una continua atención a las acciones del otro —olvidándose casi de uno mismo—, hace que el perfil más adecuado de un jugador sea el torero, el boxeador, el que lleva un tipo de vida surfista y el ya mencionado profesional de la reventa…”

“… En todos los círculos especializados suele crearse un lenguaje propio que, por supuesto, era inevitable en el mundo del póquer. A los jugadores habituales se les llamaba «jugativos». Cuando Mariela metía y todo el mundo le iba (sabían que Mariela atacaba con cualquier cosa), ella exclamaba castizamente: « ¡Me bajan de los pueblos!» observando cómo todos venían a su encuentro. Por el contrario, cuando era ella la que salía al paso del reto de cualquier jugador solía hacerlo al grito taurino de: « ¡Acudo al engaño!»…”

“…Esta fase ya no pudo ser compartida con la flotilla, pero mis hijos me ayudaron en ella de manera considerable porque aunque no jugaran, estuvieron organizando todo el asunto y convirtiéndose ellos mismos en crupieres de póquer, profesión donde Vanessa destacó sobremanera, siendo muy querida por los jugadores madrileños que lamentaron su marcha al mundo del flamenco (que le gustaba mucho más), donde lleva bailando hace más de nueve años. Iván también estuvo de crupier durante un tiempo. No atendía mucho al juego y se notaba su falta de aprecio por la mayoría de los jugadores, que no se sentían cómodos con él, sobre todo si lo comparaban con su hermana. Además, no comprendían cómo se pasaba los ratos entre partida y partida estudiando historia, que era la segunda carrera que se propuso hacer después de terminar filosofía. Mientras él se preocupaba por la causa y el efecto, su hermana lo hacía por la causa y el afecto…”

Por cierto, Gonzalo registró bajo su nombre El Póquer Holdem Texas Limit en España.

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Y es que los “jugativos” como los flamencos, no tienen “Hartura”. Cuando llegaba el amanecer los crupieres tenían que pactar con ellos para que la sesión del día se acabara, al menos, a las 12 del mediodía.

Gonzalo nos sigue contando sobre el club de Montera.

“…Allí conocí a Juan Carlos Mortensen. Se acercó una vez a la mesa, jugó un poco y le vi unas magníficas hechuras de jugador. Le animé a jugar en serio. Le hablé del buen montón  de profesionales que se ganaban la vida en Estados Unidos con este póquer. Me interesaba tener un jugador fijo que consolidara las partidas diarias junto a Enrique y yo mismo. Me ofrecí a darle clases para iniciarlo en lo que luego podían rematar libros y programas de ordenador  que también  le presté. Sabía que él ganaría y, por lo tanto, jugaría a diario…”

“…Juan Carlos y yo ganábamos consistentemente  todos los meses y así estuvimos unos dos años, jugando todos los días un buen montón de horas. Pensar que mi familia vivía del póquer después de haber vivido de los discos, del cine (vivieron mal), de los toros o de la ruleta, me producía una magnífica sensación, como la que ahora me produce pensar que puedan vivir de los libros…”

“Documentos TV2: Vidas Sobre el Tapete (Documental)” donde Gonzalo viaja junto a su hijo Óscar a Las Vegas para visitar a Juan Carlos Mortensen y que nos cuente la mano ganadora.

Este viaje será importantísimo para Óscar García-Pelayo pues empieza su carrera como jugador de póquer profesional. En la foto Juan Carlos Mortensen, Vanessa y Óscar García-Pelayo.

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Vivir en Gonzalo

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